Aparece, sin golpear, sin llamarte, sin pedirte permiso.
Aparece e irrumpe en tu rutina,
te cambia los planes, te modifica la vida, todo toma otro sentido: todo toma SU
sentido.
Aparece y no importa nada más, y es que todo lo que importa tiene
solamente su nombre, su aroma, su sonrisa, su boca, sus ojos...
Aparece y todo el resto desaparece, se
difuma, todo el resto se vuelve menos importante.
Aparece y vos, sin más, te enamorás.
Comenzas a sentir sus penas, sus
inquietudes, sus malestares, como propias. Comenzas a sentir unas incómodas
ganas de abrazarlo,y de violar su tranquilidad con un beso.
No te importan -tanto- tus planes, tus proyectos, ni tus obligaciones. Y es que todo lo que te importa tiene su nombre, su aroma, su sonrisa, su boca, sus ojos...
No te importan -tanto- tus planes, tus proyectos, ni tus obligaciones. Y es que todo lo que te importa tiene su nombre, su aroma, su sonrisa, su boca, sus ojos...
Comenzas a necesitar mirarlo. Verlo
sonreír. A sonreír junto a él. Comenzas a darte cuenta lo
lindo que es cuando lo ves sonreír. Cuando lo ves hablar, cuando lo
ves dormir. Cuando, simplemente, lo ves.
Y entonces, también comenzas a necesitar que
vos irrumpas en su rutina ahora, necesitas que te abra las puertas para
conocerlo de otra manera. Más de cerca. Para entrar a su mundo.
Encontras un lugar junto a él en el que te
sentís protegida, cómoda, tranquila, abrigada. Y olvidas de lo frío que esta
allí afuera, sola.
Te perdes en su mundo y te encontras siendo
feliz.
Con él.
Se aman, se besan, se entregan. Se recorren.
Se sonríen, y a veces se enojan. A veces pelean. A veces se odian, y entonces se
vuelven a amar…
Y a vos… A vos no te importa nada más.
Eso se llama amor.
(Y es tan difícil de encontrarlo…)