Quiero que me invites a tomar una birra.
A patear las piedras que se nos aparezcan en el camino.
A andar en bicicleta, en rollers, en bote, descalzos.
Quiero que me lleves a comer pizza, que te rías de que me ensucie con la salsa, o que se me cayó un pedazo de queso en la falda e igual me lo comí.
Quiero que me dejes verte cantar, o tocar la guitarra, o el piano, o jugar con la play.
Quiero que me invites a tomar una birra, que me hables de tu vida, tu papá, tu mamá, tu hermano más grande, tu perro de chiquito, tus once gatos, la tortuga que tenías de chiquito y un día le pisaste la pata, lo que pensas sobre el país, el gobierno, sobre la prostitución, sobre el porno, sobre la religión, sobre todo. Quiero escucharte hablar sobre cosas interesantes para que las hagas más interesantes, quiero corregirte si pienso que está mal. Quiero que discutamos y te rías de cómo frunzo toda la cara cuando me enojo. Quiero que te diviertas con que me enoje que me hagas enojar.
Quiero que me invites a tomar una birra y que tus besos tengan gusto a birra, quiero sentirte el gusto a birra, que me beses de repente con gusto a birra.
Que la birra sea una excusa, una más de las muchas excusas, y que seas el pibe más lindo del mundo para mí.
Quiero quererte un día, que me quieras un día, quiero no tener miedo a que me rompas el corazón, quiero que leas esto un día y me digas que qué cursi de mierda, que salí de una novela de Cris Morena, que te rías y que digas que igual te gustó.
Invitame una birra,
y que el resto pase solo.