17 marzo, 2015

Eso que se llama amor

Como una pequeña broma del destino, ese que dice qué cosas van a pasar y qué cosas no, él aparece.
Aparece, sin golpear, sin llamarte, sin pedirte permiso.
Aparece e irrumpe en tu rutina, te cambia los planes, te modifica la vida, todo toma otro sentido: todo toma SU sentido.
Aparece y no importa nada más, y es que todo lo que importa tiene solamente su nombre, su aroma, su sonrisa, su boca, sus ojos...
Aparece y todo el resto desaparece, se difuma, todo el resto se vuelve menos importante.
Aparece y vos, sin más, te enamorás.

Comenzas a sentir sus penas, sus inquietudes, sus malestares, como propias. Comenzas a sentir unas incómodas ganas de abrazarlo,y de violar su tranquilidad con un beso.
No te importan -tanto- tus planes, tus proyectos, ni tus obligaciones. Y es que todo lo que te importa tiene su nombre, su aroma, su sonrisa, su boca, sus ojos...

Comenzas a necesitar mirarlo. Verlo sonreír. A sonreír junto a él. Comenzas a darte cuenta lo lindo que es cuando lo ves sonreír. Cuando lo ves hablar, cuando lo ves dormir. Cuando, simplemente, lo ves.
Y entonces, también comenzas a necesitar que vos irrumpas en su rutina ahora, necesitas que te abra las puertas para conocerlo de otra manera. Más de cerca. Para entrar a su mundo.
Encontras un lugar junto a él en el que te sentís protegida, cómoda, tranquila, abrigada. Y olvidas de lo frío que esta allí afuera, sola.
Te perdes en su mundo y te encontras siendo feliz.
Con él.

Se aman, se besan, se entregan. Se recorren. Se sonríen, y a veces se enojan. A veces pelean. A veces se odian, y entonces se vuelven a amar…
Y a vos… A vos no te importa nada más.

Eso se llama amor.
(Y es tan difícil de encontrarlo…)