Él es mayor que yo, y estaba lleno de bandejas y más bandejas de muñequitos, juguetes, rompecabezas, pistas de carreras, colecciones de kinder, los mejores libros, todo eso teníamos. Todo eso tenía (él). Pasábamos horas jugando con sus cosas. Nos divertíamos con poco, siempre nos reíamos con él.
Un día, encontré unos libros que tenía él, era una colección de libros que, aunque no entendía muy bien, me llamaba la atención, siempre me llamo la atención. Los libros consistían en un comienzo en común, después de ese comienzo se disparaban dos posibles continuaciones, después de esas continuaciones otras dos posibles continuaciones y así hasta el final, sabiendo que por supuesto lo que elijas sería el rumbo de la historia. Es decir, en una hoja podían estar por casarse dos personas y a la siguiente continuación, se podía morir uno de ellos si elegías la opción que llevaba a eso.
Esta colección de libros se llamaba "Elige tu propia aventura". El libro comenzaba con este lema: "Las posibilidades son múltiples; algunas elecciones son sencillas, otras sensatas, unas temerarias... y algunas peligrosas. Eres tú quien debe tomar las decisiones. Puedes leer este libro muchas veces y obtener resultados diferentes. Recuerda que tú decides la aventura, que tú eres la aventura. Si tomas una decisión imprudente, vuelve al principio y empieza de nuevo. No hay opciones acertadas o erróneas, sino muchas elecciones posibles.".
Había muchos pero muchos libros y yo le pedí uno a mi hermano, que sería el que tengo aún ahora en mi biblioteca. Lo leí una primera vez, cuando sabía ya hacerlo, mi hermano me contó cómo se leía, y me encantó. Era tan divertido. Estaba tan bien narrado que era como si fueras vos, metido en esa historia con el nombre de un personaje.
He leído ese libro durante toda mi vida, unas dos, tres o cuatro veces. He querido elegir todas las opciones posibles, me he perdido en el medio. Hay infinitas posibilidades, resulta imposible elegirlas todas.
A veces -haciendo un poquito de trampa-, me anticipaba antes de elegir, elegía una opción, leía un poco y, si no me gustaba el hilo, si por ahí se moría uno de los protagonistas, si corría peligro, si se desenamoraba, volvía atrás y elegía la otra. La opción "feliz", la que no se moría nadie, la que se salvaban del peligro, la que el amor triunfaba por fín.
Un día entendí que ese era el propósito del libro: que seas capaz de tomar decisiones que afecten el curso de una historia (o no) y sepas que esa historia puede ser tu vida.
Un día, encontré unos libros que tenía él, era una colección de libros que, aunque no entendía muy bien, me llamaba la atención, siempre me llamo la atención. Los libros consistían en un comienzo en común, después de ese comienzo se disparaban dos posibles continuaciones, después de esas continuaciones otras dos posibles continuaciones y así hasta el final, sabiendo que por supuesto lo que elijas sería el rumbo de la historia. Es decir, en una hoja podían estar por casarse dos personas y a la siguiente continuación, se podía morir uno de ellos si elegías la opción que llevaba a eso.
Esta colección de libros se llamaba "Elige tu propia aventura". El libro comenzaba con este lema: "Las posibilidades son múltiples; algunas elecciones son sencillas, otras sensatas, unas temerarias... y algunas peligrosas. Eres tú quien debe tomar las decisiones. Puedes leer este libro muchas veces y obtener resultados diferentes. Recuerda que tú decides la aventura, que tú eres la aventura. Si tomas una decisión imprudente, vuelve al principio y empieza de nuevo. No hay opciones acertadas o erróneas, sino muchas elecciones posibles.".
Había muchos pero muchos libros y yo le pedí uno a mi hermano, que sería el que tengo aún ahora en mi biblioteca. Lo leí una primera vez, cuando sabía ya hacerlo, mi hermano me contó cómo se leía, y me encantó. Era tan divertido. Estaba tan bien narrado que era como si fueras vos, metido en esa historia con el nombre de un personaje.
He leído ese libro durante toda mi vida, unas dos, tres o cuatro veces. He querido elegir todas las opciones posibles, me he perdido en el medio. Hay infinitas posibilidades, resulta imposible elegirlas todas.
A veces -haciendo un poquito de trampa-, me anticipaba antes de elegir, elegía una opción, leía un poco y, si no me gustaba el hilo, si por ahí se moría uno de los protagonistas, si corría peligro, si se desenamoraba, volvía atrás y elegía la otra. La opción "feliz", la que no se moría nadie, la que se salvaban del peligro, la que el amor triunfaba por fín.
Un día entendí que ese era el propósito del libro: que seas capaz de tomar decisiones que afecten el curso de una historia (o no) y sepas que esa historia puede ser tu vida.
Crecí y me dí cuenta que. de alguna manera, vivir era escribir mi propia aventura, mi propio libro, mi propia historia, con mis elecciones y lo que eso desencadenara. Crecí y entendí que, pase lo que pase, de eso se trata la vida.
Elegir.
A veces lo mejor, a veces lo peor. Pero todo tiene un efecto en lo que sigue.
Lo malo: no podés hacer trampa. No podes volverte sobre tus decisiones y elegir otra vez.
(Ojalá se pudiera).
Tenés que vivir, equivocarte, sufrir, reírte, aprender, equivocarte de nuevo, tomar caminos lindos, otros no tantos, arriesgarte, enamorarte, que te rompan el corazón, encontrarte llorando por amor, encontrarte sonriendo por un mensaje, hacerte de amigos de los que son por una etapa, de los que son para siempre, sentirte traicionado, que te duela, que todo eso te duela. Crecer.
Que decía mi tío que en el dolor hay crecimiento, y tiene mucha razón.
De eso, de todo eso, se trata vivir.
Y ahora imaginate tu vida sabiendo qué es lo próximo, qué viene mañana, qué hay detrás de tu próxima elección, cuándo llega tu final, cuando termina tu aventura.
¿No le quita lo lindo y emocionante de avanzar cada casillero un poco más y vivir lo que tengamos que vivir? Por eso la aventura más linda de todas es la de vivir, sin pensar más allá.
Elegí tu propia aventura, y bancate lo que siga.
Sea lo que sea.
Y venga lo que venga.
Elegir.
A veces lo mejor, a veces lo peor. Pero todo tiene un efecto en lo que sigue.
Lo malo: no podés hacer trampa. No podes volverte sobre tus decisiones y elegir otra vez.
(Ojalá se pudiera).
Tenés que vivir, equivocarte, sufrir, reírte, aprender, equivocarte de nuevo, tomar caminos lindos, otros no tantos, arriesgarte, enamorarte, que te rompan el corazón, encontrarte llorando por amor, encontrarte sonriendo por un mensaje, hacerte de amigos de los que son por una etapa, de los que son para siempre, sentirte traicionado, que te duela, que todo eso te duela. Crecer.
Que decía mi tío que en el dolor hay crecimiento, y tiene mucha razón.
De eso, de todo eso, se trata vivir.
Y ahora imaginate tu vida sabiendo qué es lo próximo, qué viene mañana, qué hay detrás de tu próxima elección, cuándo llega tu final, cuando termina tu aventura.
¿No le quita lo lindo y emocionante de avanzar cada casillero un poco más y vivir lo que tengamos que vivir? Por eso la aventura más linda de todas es la de vivir, sin pensar más allá.
Elegí tu propia aventura, y bancate lo que siga.
Sea lo que sea.
Y venga lo que venga.