- Subí -escuché de golpe de atrás, una voz viniendo de mi espalda.
Al instante un tipo me toca el brazo. Me quedó unos segundos pensando qué hacer, si mirarlo o tratar de correr.
Decido darme vuelta y veo una camioneta blanca, con una puerta grande corrediza y las dos puertas de adelante, del acompañante y el conductor. Miro al conductor que le dice algo como que se apure, miro al tipo que me agarra ahora del cuello y me dice de nuevo:
-No entendes lo que te dije? Subí de una vez, la puta que te parió.
Fueron cinco minutos y se me pasaron todas las imágenes del mundo. Se me pasó la cara de mi mamá, la cara de mi papá, la cara de mi hermano, la cara de mis amigos, la cara de todos los que me conocen, y de los que no también, se me pasó la idea de desaparecer, se me pasó la idea de que de repente las redes sociales se conviertan en una foto mía con las palabras más temidas de mi vida: "DESAPARECIÓ, POR FAVOR ESTAMOS BUSCÁNDOLA", se me pasó la voz de mamá quebrada, la desesperación de papá por saber qué pasó, se me pasó quizás los medios preguntándose qué llevaba puesto, o si estudiaba, o si trabajaba, o dónde vivía, o si mis amigos se drogaban, se me pasó la idea de no aparecer más, de no existir más, o de existir y que mi vida sea un calvario por el resto de mi vida. Se me pasó lo que tantas veces les pasó a tantas chicas y la fuerza, la entereza, el valor con la que se enfrentaron a las mierdas que nos quieren tratar como sus presas.
Se me pasó todo eso y en un segundo viendo como el tipo me sostenía de la campera, diciéndole al amigo que vaya a ayudarlo para meterme adentro de la camioneta, me puse a gritar fuerte "SOLTAME PEDAZO DE MIERDA, SOLTAME, AYUDA", me saqué la campera y corrí.
No sé cuánto corrí, no sé a dónde me fui, estaba oscuro, tenía miedo y el corazón se me salía del pecho.
Me metí a un negocio que justo estaba por cerrar, y les conté como pude lo que me pasó, les pedí por favor que me dejen llamar a mi mamá, a mi casa. Llame y como pude, esperé hasta que mi familia, toda mi familia, me fuera a buscar. Yo estaba llorando, y no podía parar de llorar.
Me abrazaron y mamá me dijo también llorando: - Menos mal, mi chiquita, menos mal que no te hicieron nada. No podría vivir sin vos.
------------------------------***--------------------------
No hay día en mi vida que no me imagine que esta situación se hace realidad, no hay día en mi vida en que no tenga miedo a algún día no volver, no hay día de mi vida en que no me imagine que mis amigos y familia me lloran y piden por mi aparición, no hay día en mi vida en que no tenga miedo de que, un día, el cartel que pide por una mujer tenga mi cara.
Yo sé que no voy a reaccionar así, pero quiero creer que sí. Quiero creer que voy a poder escapar, que no me voy a dejar llevar, que no me va a pasar, quiero creer que esto a mí no me va a pasar (que ni a mí, ni a ninguna más). Pero tengo miedo, pero me asusta, pero quiero dejar escrito esto para que papá y mamá sepan que si un día desaparezco, que si un día no vuelvo, fue porque no pude escapar, fue porque me ganó el miedo.
Y no hay día de mi vida en que no me imagine que nunca más voy a tener que compartir la imagen de una chica, que nunca más voy a pedir por la aparición de ninguna más, que nunca más me voy a imaginar posibles escenarios, que nunca más porque por fin habrán entendido que somos personas, no bolsas de consorcio, que somos personas, no pedazos de carne. Que somos personas, carajo, y nos duele ver cómo nos tratan.
Que nunca más.
Que no vamos a pensar ni pasar por esto; ni un sólo día más.
21 noviembre, 2017
09 septiembre, 2017
Que se vayan a la concha de su madre
Que se vayan a la concha de su madre,
el mentiroso,
el corrupto y la corrupción,
el xenófobo,
el homofóbico,
los medios de comunicación que desinforman,
los gobiernos ausentes,
el Estado responsable de desapariciones en democracia,
el que no se pregunta dónde está Santiago.
la policía que reprime y reprime:
trabajadores, mujeres y marchas con causas que no les importan,
que no quieren que se visibilicen.
Los encubridores.
Los violadores,
que se vayan bien a la concha de su madre los violadores,
la cultura de la violación,
los misóginos,
los machistas y su machismo,
el patriarcado,
los que le echan siempre la culpa a la mujer de lo que le pasa,
de lo que le hicieron,
los que ante los femicidios permanecen inmóviles
y no los ataca la bronca
de que
están
matándonos.
Los que manejan la trata de blancas,
los que piensan que las mujeres somos carne a disposición para satisfacerlos.
Los que no entienden el no y abusan de su fuerza,
los maltratadores y su maltrato.
Los pedófilos también, que se vayan todos juntos a la concha de su madre.
Las injusticias y los injustos,
los tibios,
los que dicen no interesarse en la política,
y después votan y defienden a los que hunden el país,
los que no les importa tu trabajo,
tu salario,
tus estudios,
tu salud,
ni tus necesidades.
Los que solo saben ver su ombligo y si no le tocan sus intereses,
todo está bien.
Que se vayan bien a la concha de su madre,
todos los que no les duele el hambre,
el pobre (los pobres porque, lamentablemente, son muchos)
la gente durmiendo en la calle,
pasando frío,
los enfermos,
los que ven en tu salud, en tu enfermedad,
un negocio,
y no les importa si sufrís, si la pasas mal, si te podés morir.
los que no les importan los niños que necesitan ayuda,
un plato de comida,
una frazada,
o un juguete para no olvidarse de que, en realidad, son niños.
O no - pido disculpas-,
mejor no.
"A la concha de su madre" no,
porque seguiríamos responsabilizando a la mujer
(y eso es grave y peligroso).
Mejor que todos estos se vayan bien a la mierda.
Porque ahí pertenecen: a la mismísima mierda que es donde, seguro,
se sienten cómodos.
el mentiroso,
el corrupto y la corrupción,
el xenófobo,
el homofóbico,
los medios de comunicación que desinforman,
los gobiernos ausentes,
el Estado responsable de desapariciones en democracia,
el que no se pregunta dónde está Santiago.
la policía que reprime y reprime:
trabajadores, mujeres y marchas con causas que no les importan,
que no quieren que se visibilicen.
Los encubridores.
Los violadores,
que se vayan bien a la concha de su madre los violadores,
la cultura de la violación,
los misóginos,
los machistas y su machismo,
el patriarcado,
los que le echan siempre la culpa a la mujer de lo que le pasa,
de lo que le hicieron,
los que ante los femicidios permanecen inmóviles
y no los ataca la bronca
de que
están
matándonos.
Los que manejan la trata de blancas,
los que piensan que las mujeres somos carne a disposición para satisfacerlos.
Los que no entienden el no y abusan de su fuerza,
los maltratadores y su maltrato.
Los pedófilos también, que se vayan todos juntos a la concha de su madre.
Las injusticias y los injustos,
los tibios,
los que dicen no interesarse en la política,
y después votan y defienden a los que hunden el país,
los que no les importa tu trabajo,
tu salario,
tus estudios,
tu salud,
ni tus necesidades.
Los que solo saben ver su ombligo y si no le tocan sus intereses,
todo está bien.
Que se vayan bien a la concha de su madre,
todos los que no les duele el hambre,
el pobre (los pobres porque, lamentablemente, son muchos)
la gente durmiendo en la calle,
pasando frío,
los enfermos,
los que ven en tu salud, en tu enfermedad,
un negocio,
y no les importa si sufrís, si la pasas mal, si te podés morir.
los que no les importan los niños que necesitan ayuda,
un plato de comida,
una frazada,
o un juguete para no olvidarse de que, en realidad, son niños.
O no - pido disculpas-,
mejor no.
"A la concha de su madre" no,
porque seguiríamos responsabilizando a la mujer
(y eso es grave y peligroso).
Mejor que todos estos se vayan bien a la mierda.
Porque ahí pertenecen: a la mismísima mierda que es donde, seguro,
se sienten cómodos.
12 agosto, 2017
Todas las cosas por las que te admiro
Me dijeron que no podían hacer nada para que me duela menos pero que un día iba a dejar de doler. Me dijeron que mejor así, que vos estabas mejor así.
Me dijeron que me tenía que poner bien porque ya no sufrías más.
Me dijeron, también, que vos sabías todo lo que yo te quería. Y que vos me querías un montón a mí también.
Me dijeron que lo bueno de tocar fondo es que después solo podes salir a flote.
Me dijeron que después de todos días grises y llenos de nubes horribles que tapan la vista, solo queda que salga el sol.
Me dijeron que, más adelante, solo iba a recordar las risas y los buenos momentos que nos quedaban.
Me dijeron eso y un montón de cosas, solo por el hecho de querer que sufra menos al saber que ya no estás acá. Y que hace cuatro años vos, tío, ya no estás acá.
No sé por qué te escribo como si pudieras leer esto, quizás porque es más fácil pensar que en realidad sí, que en algún lugar vos estás leyendo esto, incluso mientras lo estoy escribiendo.
La muerte es eso que está ahí, ¿viste? Escondida un poco, pero presente todo el tiempo. Recordándote que está ahí, que en cualquier momento ella está ahí y puede decidir por vos sin importar cuán pronto sea, cuán injusto, sin importar cuánto disfrutaste y si pudiste (o no) despedirte de los que amás.
A veces la muerte es incluso más injusta y busca que sufras lo suficiente como para que sepas que además de morirte, la vida es eso: esperar, a veces, que llegue. Y entre médicos, y tratamientos, entre medicinas, entre llantos, entre "no me quiero morir", un día llega y el que se queda acá tiene que conformarse con que, al menos, el otro ya no sufre más. Y no basta. La ausencia duele a cada paso que damos.
Que injusta es la muerte, qué injusta es la vida a veces también.
Y yo te extraño tío, ¿sabes? Todos los días me acuerdo de algo que me hace acordar a vos, que me hace acordar a lo que nos hacía reír, que me hace acordar a las cosas que compartíamos, que me hace acordar a que ya no estás más. Y que llego el momento más triste, el más temido, que es que ya no me acuerdo tu voz. Ni tampoco de tu risa.
Y duele, ¿sabés? Duele un montón.
Duele como la última vez que te ví en esa cama de ese hospital, conectado a esa maquina, ya dormido pero todavía acá, que no te pude decir todo lo que te amo, que solo pude decirte chau y darte un beso en la frente, y salir llorando. Que supe, te juro que supe, que era nuestra despedida.
Me queda el sabor amargo de la última vez que te vi y no te pude recordar que te amo tanto que te voy a recordar todos los días de mi vida.
Entonces por esto, por todo esto, te quiero recordar todas las cosas por las que te admiro.
Te admiro porque luchaste hasta el último día de tu vida.
Te admiro por tu fuerza, y tus ganas de vivir.
Te admiro porque sufriste mucho y seguiste, contra viento y marea.
Te admiro por todo el amor desinteresado que nos brindaste en vida.
Te admiro por las enseñanzas que nos dejaste. Que me dejaste.
Te admiro porque luchaste por tus derechos en tiempos donde la discriminación y los prejuicios estaban a la orden del día.
Te admiro porque me enseñaste que el que te quiere, te quiere como sos, con tus ideas, tus defectos, tus luchas, tus fantasmas.
Te admiro por todo lo que hiciste en tu vida, por las ganas de saber todo el tiempo algo nuevo, por lo trabajador, por lo capaz, por lo inteligente.
Te admiro porque me hiciste más fuerte, me hiciste más sensible, me hiciste más luchadora a mí también.
Te admiro porque eras el amor con forma de persona, la personificación del amor más puro y genuino que alguien podría brindar(me).
Te admiro porque admirarte es, también, mi forma de decirte
Que gracias,
que te amo.
Que siempre vas a estar y siempre vas a ser mi mejor amigo.
Y una suma de recuerdos que te juro,
nunca,
nunca se van a borrar.
03 agosto, 2017
De cuando fui famosa por un ratito
Mis papás todavía estaban juntos y mamá había elegido anotarse para formar parte de una feria del barrio. Los fines de semana, entonces, ella estaba ahí.
Desde el comienzo, estuve acompañándola. Ella vendía velas y jabones. Bueno, vendía a veces era una forma de decir. Pero, sin embargo, ella estaba ahí.
Yo iba algunos fines de semana, en principio. Iba todos los fines de semana, un poco después.
Un día, unos nenes me tocan el hombro y me dicen "¿Nos podemos sacar una foto con vos?" "¿Una foto? ¿Conmigo?". "Si, es que vos te parecés a una famosa". "¿Yo famosa? Bueno, dale", les digo. Y así fue cómo me saque una foto con dos nenes que no sabía quiénes eran, pero ellos pensaban que yo me parecía a alguien. Y estuvo bueno.
Estuvo bueno sentir que alguien quería tener una foto conmigo, que yo no era nadie pero que igual alguien quería tener una foto conmigo.
De chiquita, desde muy chiquita, yo jugaba a ser famosa.
Primero quería ser famosa siendo modelo. Agarraba los tacos de mi mamá, le pedía su vestido -el que usó para casarse- o quizás pedía que me compren, por favor, que me compren cositas de princesa. Me pintaba y desfilaba después por el corto pasillo del departamento en el que vivíamos en Villa Celina. Entonces se escuchaba "Ahí viene la super modelo, la más linda de todas, ¡Mailen!". Y ahí salía yo, toda chiquita, vestida como princesa, desfilando, tirando besos, moviendo la cadera, con tacos que me quedaban grandes y pintada muy mal.
Después, más de adolescente, pensé "ya sé, quiero ser actriz". Recién nos mudábamos al barrio donde vivimos actualmente, por lo que yo lo único que hacía era ir al colegio y volver a mi casa. Y entonces yo quería, realmente quería ser actriz. Entonces les pedí, les supliqué, les rogué a mis papas que me dejen ser actriz. Mis papas me bancaron y me dijeron que sea lo que quiera ser. Siempre soñaba con formar parte de Chiquititas o de ser actriz en alguna novela. Me miraba al espejo y fingía una escena.
Me enteré de un seminario de diez clases, casi gratuito creo pero no me acuerdo, donde te enseñaban un poquito cómo era y yo, que era nueva y no entendía nada de qué calles eran cuales ni cómo llegar, fui. Mi mamá me llevo algunas clases, después vivía cerca así que iba y volvía sola.
Las primeras clases nos enseñaban cosas como cómo concentrarse, cómo relajarse, cómo hacer uso de las emociones cuando una escena lo precisara, etc. Salí de ahí feliz y muy relajada.
Un día salí de ahí y me desorienté. No sabía cómo tenía que volver a mi casa. Estaba en la plaza así que decidí buscar a la policía. "Me perdí". "¿Cómo que te perdiste?" me dicen. "Si, tenia que volver a mi casa, me desoriente y me perdí". "Bueno, ¿tenés algun telefono para comunicarte?". "Sí, el de mi mamá o el de mi casa" "Bueno pasanoslo". Se los paso. "Tenés que esperar, ¿sí?". "Sí, pero ya me acordé como volver". "No, no te podes ir, tenes que esperar". Esperé a mi mamá, me dijo que cómo me voy a perder si era re fácil volver, yo le digo que me desoriente, que no me acordaba cómo volver. Me dijo mirá y aprendé el camino que te tenés que aprender a manejar sola tarde o temprano.
No volví a querer ser actriz.
(Aunque siempre quise ser parte de una novela de Cris Morena)
Estaba terminando el colegio. Descubrí por este entonces cuánto me gustaba escribir. Empecé a escribir, era malísimo lo que hacía. No escribí más.
Desde 1° a 3° cambié dos veces qué quería ser. "Quiero ser veterinaria" pensaba firmemente. "Si, me gustan mucho los animales, los quiero cuidar y salvarles la vida". Eso sostuve hasta que en el último año, desde la escuela, nos incentivaban a que busquemos de qué se trata la carrera que habíamos elegido y demás cosas. Ahí ví que no era color de rosas, que no iba a poder con todo eso.
En los meses siguientes dije "bueno, entonces voy a estudiar Diseño de Imagen y Sonido. Sí, eso. Me encanta, quiero hacer cortos, sacar fotos, todo me gusta". Terminé la escuela, me anote a esa carrera. Conocí cómo era ir a la facultad, conocí profesores -me enamoré de uno- y compañeros, también me enamoré de uno. No podía aprobar. No me iba bien. No me sentía bien nunca, la pasaba mal siempre.
Me tomé un año. Durante ese año busqué, en vano, trabajar. Nunca me llamaron.
Siempre me gustó inglés, siempre quise estudiar. Mamá me insistía en que busque algo que me guste, que no pasaba nada si no trabajaba, pero que busque algo que me guste y estudie.
Un día me acompañó, fui a preguntar para ser Maestra Jardinera. Salí del lugar esperando para inscribirme al Profesorado de ingles. En simultáneo, descubrí que la Psicología me despertaba una pasión que jamás había sentido por otra cosa -además de inglés-, entonces volví a anotarme para estudiar en la facultad. Me estanqué y no pude aprobar matemática del CBC.
No podía seguir, ya no podía seguir.
Otra vez.
Ahora me anoté a Comunicacion Social y, también, estoy estudiando ingles.
Volví a escribir y sé que ahora, no lo voy a dejar.
Ya soy grande y no quiero ser famosa.
Me basta con encontrar mi lugar, lo que quiero seguir en mi vida, ser lo suficientemente buena y útil en lo que sea que haga.
Pero un día.
Un día fui famosa por un ratito.
Desde el comienzo, estuve acompañándola. Ella vendía velas y jabones. Bueno, vendía a veces era una forma de decir. Pero, sin embargo, ella estaba ahí.
Yo iba algunos fines de semana, en principio. Iba todos los fines de semana, un poco después.
Un día, unos nenes me tocan el hombro y me dicen "¿Nos podemos sacar una foto con vos?" "¿Una foto? ¿Conmigo?". "Si, es que vos te parecés a una famosa". "¿Yo famosa? Bueno, dale", les digo. Y así fue cómo me saque una foto con dos nenes que no sabía quiénes eran, pero ellos pensaban que yo me parecía a alguien. Y estuvo bueno.
Estuvo bueno sentir que alguien quería tener una foto conmigo, que yo no era nadie pero que igual alguien quería tener una foto conmigo.
De chiquita, desde muy chiquita, yo jugaba a ser famosa.
Primero quería ser famosa siendo modelo. Agarraba los tacos de mi mamá, le pedía su vestido -el que usó para casarse- o quizás pedía que me compren, por favor, que me compren cositas de princesa. Me pintaba y desfilaba después por el corto pasillo del departamento en el que vivíamos en Villa Celina. Entonces se escuchaba "Ahí viene la super modelo, la más linda de todas, ¡Mailen!". Y ahí salía yo, toda chiquita, vestida como princesa, desfilando, tirando besos, moviendo la cadera, con tacos que me quedaban grandes y pintada muy mal.
Después, más de adolescente, pensé "ya sé, quiero ser actriz". Recién nos mudábamos al barrio donde vivimos actualmente, por lo que yo lo único que hacía era ir al colegio y volver a mi casa. Y entonces yo quería, realmente quería ser actriz. Entonces les pedí, les supliqué, les rogué a mis papas que me dejen ser actriz. Mis papas me bancaron y me dijeron que sea lo que quiera ser. Siempre soñaba con formar parte de Chiquititas o de ser actriz en alguna novela. Me miraba al espejo y fingía una escena.
Me enteré de un seminario de diez clases, casi gratuito creo pero no me acuerdo, donde te enseñaban un poquito cómo era y yo, que era nueva y no entendía nada de qué calles eran cuales ni cómo llegar, fui. Mi mamá me llevo algunas clases, después vivía cerca así que iba y volvía sola.
Las primeras clases nos enseñaban cosas como cómo concentrarse, cómo relajarse, cómo hacer uso de las emociones cuando una escena lo precisara, etc. Salí de ahí feliz y muy relajada.
Un día salí de ahí y me desorienté. No sabía cómo tenía que volver a mi casa. Estaba en la plaza así que decidí buscar a la policía. "Me perdí". "¿Cómo que te perdiste?" me dicen. "Si, tenia que volver a mi casa, me desoriente y me perdí". "Bueno, ¿tenés algun telefono para comunicarte?". "Sí, el de mi mamá o el de mi casa" "Bueno pasanoslo". Se los paso. "Tenés que esperar, ¿sí?". "Sí, pero ya me acordé como volver". "No, no te podes ir, tenes que esperar". Esperé a mi mamá, me dijo que cómo me voy a perder si era re fácil volver, yo le digo que me desoriente, que no me acordaba cómo volver. Me dijo mirá y aprendé el camino que te tenés que aprender a manejar sola tarde o temprano.
No volví a querer ser actriz.
(Aunque siempre quise ser parte de una novela de Cris Morena)
Estaba terminando el colegio. Descubrí por este entonces cuánto me gustaba escribir. Empecé a escribir, era malísimo lo que hacía. No escribí más.
Desde 1° a 3° cambié dos veces qué quería ser. "Quiero ser veterinaria" pensaba firmemente. "Si, me gustan mucho los animales, los quiero cuidar y salvarles la vida". Eso sostuve hasta que en el último año, desde la escuela, nos incentivaban a que busquemos de qué se trata la carrera que habíamos elegido y demás cosas. Ahí ví que no era color de rosas, que no iba a poder con todo eso.
En los meses siguientes dije "bueno, entonces voy a estudiar Diseño de Imagen y Sonido. Sí, eso. Me encanta, quiero hacer cortos, sacar fotos, todo me gusta". Terminé la escuela, me anote a esa carrera. Conocí cómo era ir a la facultad, conocí profesores -me enamoré de uno- y compañeros, también me enamoré de uno. No podía aprobar. No me iba bien. No me sentía bien nunca, la pasaba mal siempre.
Me tomé un año. Durante ese año busqué, en vano, trabajar. Nunca me llamaron.
Siempre me gustó inglés, siempre quise estudiar. Mamá me insistía en que busque algo que me guste, que no pasaba nada si no trabajaba, pero que busque algo que me guste y estudie.
Un día me acompañó, fui a preguntar para ser Maestra Jardinera. Salí del lugar esperando para inscribirme al Profesorado de ingles. En simultáneo, descubrí que la Psicología me despertaba una pasión que jamás había sentido por otra cosa -además de inglés-, entonces volví a anotarme para estudiar en la facultad. Me estanqué y no pude aprobar matemática del CBC.
No podía seguir, ya no podía seguir.
Otra vez.
Era muy piba para saber que quería hacer para toda mi vida. Nos
exigen que decidamos toda nuestra vida de un año a otro, y es demasiado pronto para saberlo.
Ahora me anoté a Comunicacion Social y, también, estoy estudiando ingles.
Volví a escribir y sé que ahora, no lo voy a dejar.
Ya soy grande y no quiero ser famosa.
Me basta con encontrar mi lugar, lo que quiero seguir en mi vida, ser lo suficientemente buena y útil en lo que sea que haga.
Pero un día.
Un día fui famosa por un ratito.
20 julio, 2017
¿Qué es la amistad?
¿Qué es la amistad si no es compañía, si no es confianza, si no es sinceridad, si no es querer al otro como si fuera parte de tu familia? ¿Qué es la amistad si no es ese vinculo único, interminable, de risas y tristezas compartidas? ¿Qué es si no es un cúmulo de consejos que no seguimos pero queremos que el otro intente? ¿Qué es la amistad si no hay respeto por lo que pensamos, por lo que somos, por lo que elegimos? ¿Qué es la amistad si la definimos y aceptamos según lo que nosotros pensamos, queremos y elegimos?
¿Cuántas veces pensaste en alguien en especial, en muchos alguien especiales mientras leías esto? ¿Qué harías, qué y quién serías sin ellos?
Es mentira que la gente que se fue no fueron amigos, que no valieron la pena, que no nos enseñaron nada. Es mentira que si tenés muchos amigos no tenés ninguno real. Que si tenés muchos amigos, en realidad estás solo. La única manera de estar solo es sentirte solo y eso no tiene que ver con la amistad. Podes tener el único y mejor amigo de tu vida y sentirte muy solo. Podes tener un montón y sentirte lo más acompañado posible. Si te sentís solo tiene que ver con todas las emociones y cosas que te pasan, tiene que ver con que a veces está bien estar solo, y eso no significa que la amistad no valga, que sean malos amigos, ni nada de lo que te digan. La soledad no es tan mala como te dicen. A veces está bien. Solo empieza a estar mal, cuando el que está mal sos vos.
Crecemos acompañados de nuestra familia, la que nos tocó en suerte (o en desgracia, en algunas ocasiones) y en el medio de todo, nos rodeamos de gente a las que empezamos a llamar amigos y que a veces solo a veces, se convierten en la familia que adoptamos y pudimos elegir.
Las personas vamos y venimos de las vidas de otros constantemente, y hay que dejar de establecer juicio de valor sobre las personas. Que nadie te haga sentir que no valés, solo porque la amistad no sea lo que esperaron.
"¿Qué es la amistad?" nos preguntamos. La definición de internet es algo así como "una relación de afecto, simpatía y confianza que se dan entre personas que no son familia" y se equivoca. La amistad es ese sentimiento de que formás parte de una familia que no es tuya, es saber que alguien te escucha, que te entiende -y a veces sí lo intenta-, que te ayuda cuando es necesario y cuando no, también, son esos consejos en el momento justo, en la medida justa. Es saber que no importa cuánto se vean, importa que están, a lo lejos o bien cerquita, pero están.
Nunca somos los mismos antes y después de que nos pasan cosas, personas, lugares, sentimientos. Nunca somos los mismos cuando conocemos y después de conocer a quienes supimos entender como amigos y tuvimos que decir adiós por razones que quizás hoy ya no recuerdes.
Nunca, jamás somos los mismos después de aprender que la amistad no es un vinculo de intereses. Que amigo es quien quiere estar sin importar diferencias, sin importar discusiones. Aprendemos, entonces, que es compañía desinteresada. Nos equivocamos constantemente para entender cosas que antes no. Porque crecemos como personas y somos todos los días alguien nuevo.
Entonces crecés y un día por fin entendés que tus amigos son los que están a pesar de todo, los que, con el paso del tiempo, siguen firmes ahí sin importar qué pase. Un día te das cuenta de que ellos son las personas con las que compartiste una porción grande de tu vida y que eso no tiene que ver con la cantidad de años o de tiempo, sino de calidad, de intensidad, de vivencias, son los que saben todo lo que te pasa y que te acompañan, te entienden a veces sin que digas nada, te aceptan así, con toda tu locura, con todos tus problemas, con todos tus malos días, con todo lo que sos. Se ponen felices por vos de la manera más genuina. Se ponen tristes cuando estás triste, o cuando te pasa algo triste.
La amistad es y en esto de ser, se convirtió en algo importante. Tantos autores escribiendo sobre ella no podían estar equivocados. Porque como cada sentimiento, es necesario plasmarlo con arte para demostrar cuán lindo puede ser y los sentimientos no se equivocan.
Y por eso, por alguna razón que todavía nadie entiende muy bien, el 20 de julio de todos los años se festeja el día del amigo. "Es porque el hombre llego a la Luna", te dicen.
¿Y eso qué tiene que ver con la amistad? Nada. Ah, me parecía pero había que darle una explicación, igual, así que.
Pero si no tenés amigos o si alguna vez sentiste no tener amigos, este día probablemente te haya hecho sentir solo, muy solo, porque mientras vos te quedabas en tu casa, otros salían y se divertían. Ahora quizás te pase lo mismo, pero entendés que lo que vale no es no estar solo y tener alguien con quien compartir este día, es que tengas un amigo que quiera estar este día y el resto de los días contando con tu amistad, porque esas amistades son las que suman. Rodeate de gente que te sume, siempre.
Y si tenés amigos, aprovechá entonces que existe este día para vivir un día más de consejos, de risas, de cervezas tomadas y momentos que se van y no vuelven más con tus amigos, y que está bien que sea así. Agarralos y deciles cuánto los querés. Agradeceles la compañía, la incondicionalidad, la sinceridad y el amor de todos los días. Agradeceles la risa, el hombro y el abrazo en los momentos duros, los consejos que seguimos y los que escuchamos pero no. Agradeceles que elijan un día más estar con vos. Que deje de importar cuán comercial y sinsentido sea, ¿qué hay de malo en tomarse el día como una excusa para decirle a ese amigo, a esa amiga, a ese grupo de amigos y amigas que estás ahí, y que vas a seguir codo a codo? Y que está bien ponerte cursi, que se banquen ser especiales, que se banquen ser las personas que te sostienen en los momentos más duros, y que comparten con vos tus alegrías de la manera más genuina posible.
Decí feliz día del amigo aunque no entiendas por qué existe. Decí feliz día que es un día más de vida (juntos) y eso es lo que se festeja.
11 julio, 2017
Elige tu propia aventura
Cuando era chiquita me gustaba robarle los juguetes y libros a mi hermano, todo lo que él tuviera me resultaba extremadamente llamativo.
Él es mayor que yo, y estaba lleno de bandejas y más bandejas de muñequitos, juguetes, rompecabezas, pistas de carreras, colecciones de kinder, los mejores libros, todo eso teníamos. Todo eso tenía (él). Pasábamos horas jugando con sus cosas. Nos divertíamos con poco, siempre nos reíamos con él.
Un día, encontré unos libros que tenía él, era una colección de libros que, aunque no entendía muy bien, me llamaba la atención, siempre me llamo la atención. Los libros consistían en un comienzo en común, después de ese comienzo se disparaban dos posibles continuaciones, después de esas continuaciones otras dos posibles continuaciones y así hasta el final, sabiendo que por supuesto lo que elijas sería el rumbo de la historia. Es decir, en una hoja podían estar por casarse dos personas y a la siguiente continuación, se podía morir uno de ellos si elegías la opción que llevaba a eso.
Esta colección de libros se llamaba "Elige tu propia aventura". El libro comenzaba con este lema: "Las posibilidades son múltiples; algunas elecciones son sencillas, otras sensatas, unas temerarias... y algunas peligrosas. Eres tú quien debe tomar las decisiones. Puedes leer este libro muchas veces y obtener resultados diferentes. Recuerda que tú decides la aventura, que tú eres la aventura. Si tomas una decisión imprudente, vuelve al principio y empieza de nuevo. No hay opciones acertadas o erróneas, sino muchas elecciones posibles.".
Había muchos pero muchos libros y yo le pedí uno a mi hermano, que sería el que tengo aún ahora en mi biblioteca. Lo leí una primera vez, cuando sabía ya hacerlo, mi hermano me contó cómo se leía, y me encantó. Era tan divertido. Estaba tan bien narrado que era como si fueras vos, metido en esa historia con el nombre de un personaje.
He leído ese libro durante toda mi vida, unas dos, tres o cuatro veces. He querido elegir todas las opciones posibles, me he perdido en el medio. Hay infinitas posibilidades, resulta imposible elegirlas todas.
A veces -haciendo un poquito de trampa-, me anticipaba antes de elegir, elegía una opción, leía un poco y, si no me gustaba el hilo, si por ahí se moría uno de los protagonistas, si corría peligro, si se desenamoraba, volvía atrás y elegía la otra. La opción "feliz", la que no se moría nadie, la que se salvaban del peligro, la que el amor triunfaba por fín.
Un día entendí que ese era el propósito del libro: que seas capaz de tomar decisiones que afecten el curso de una historia (o no) y sepas que esa historia puede ser tu vida.
Un día, encontré unos libros que tenía él, era una colección de libros que, aunque no entendía muy bien, me llamaba la atención, siempre me llamo la atención. Los libros consistían en un comienzo en común, después de ese comienzo se disparaban dos posibles continuaciones, después de esas continuaciones otras dos posibles continuaciones y así hasta el final, sabiendo que por supuesto lo que elijas sería el rumbo de la historia. Es decir, en una hoja podían estar por casarse dos personas y a la siguiente continuación, se podía morir uno de ellos si elegías la opción que llevaba a eso.
Esta colección de libros se llamaba "Elige tu propia aventura". El libro comenzaba con este lema: "Las posibilidades son múltiples; algunas elecciones son sencillas, otras sensatas, unas temerarias... y algunas peligrosas. Eres tú quien debe tomar las decisiones. Puedes leer este libro muchas veces y obtener resultados diferentes. Recuerda que tú decides la aventura, que tú eres la aventura. Si tomas una decisión imprudente, vuelve al principio y empieza de nuevo. No hay opciones acertadas o erróneas, sino muchas elecciones posibles.".
Había muchos pero muchos libros y yo le pedí uno a mi hermano, que sería el que tengo aún ahora en mi biblioteca. Lo leí una primera vez, cuando sabía ya hacerlo, mi hermano me contó cómo se leía, y me encantó. Era tan divertido. Estaba tan bien narrado que era como si fueras vos, metido en esa historia con el nombre de un personaje.
He leído ese libro durante toda mi vida, unas dos, tres o cuatro veces. He querido elegir todas las opciones posibles, me he perdido en el medio. Hay infinitas posibilidades, resulta imposible elegirlas todas.
A veces -haciendo un poquito de trampa-, me anticipaba antes de elegir, elegía una opción, leía un poco y, si no me gustaba el hilo, si por ahí se moría uno de los protagonistas, si corría peligro, si se desenamoraba, volvía atrás y elegía la otra. La opción "feliz", la que no se moría nadie, la que se salvaban del peligro, la que el amor triunfaba por fín.
Un día entendí que ese era el propósito del libro: que seas capaz de tomar decisiones que afecten el curso de una historia (o no) y sepas que esa historia puede ser tu vida.
Crecí y me dí cuenta que. de alguna manera, vivir era escribir mi propia aventura, mi propio libro, mi propia historia, con mis elecciones y lo que eso desencadenara. Crecí y entendí que, pase lo que pase, de eso se trata la vida.
Elegir.
A veces lo mejor, a veces lo peor. Pero todo tiene un efecto en lo que sigue.
Lo malo: no podés hacer trampa. No podes volverte sobre tus decisiones y elegir otra vez.
(Ojalá se pudiera).
Tenés que vivir, equivocarte, sufrir, reírte, aprender, equivocarte de nuevo, tomar caminos lindos, otros no tantos, arriesgarte, enamorarte, que te rompan el corazón, encontrarte llorando por amor, encontrarte sonriendo por un mensaje, hacerte de amigos de los que son por una etapa, de los que son para siempre, sentirte traicionado, que te duela, que todo eso te duela. Crecer.
Que decía mi tío que en el dolor hay crecimiento, y tiene mucha razón.
De eso, de todo eso, se trata vivir.
Y ahora imaginate tu vida sabiendo qué es lo próximo, qué viene mañana, qué hay detrás de tu próxima elección, cuándo llega tu final, cuando termina tu aventura.
¿No le quita lo lindo y emocionante de avanzar cada casillero un poco más y vivir lo que tengamos que vivir? Por eso la aventura más linda de todas es la de vivir, sin pensar más allá.
Elegí tu propia aventura, y bancate lo que siga.
Sea lo que sea.
Y venga lo que venga.
Elegir.
A veces lo mejor, a veces lo peor. Pero todo tiene un efecto en lo que sigue.
Lo malo: no podés hacer trampa. No podes volverte sobre tus decisiones y elegir otra vez.
(Ojalá se pudiera).
Tenés que vivir, equivocarte, sufrir, reírte, aprender, equivocarte de nuevo, tomar caminos lindos, otros no tantos, arriesgarte, enamorarte, que te rompan el corazón, encontrarte llorando por amor, encontrarte sonriendo por un mensaje, hacerte de amigos de los que son por una etapa, de los que son para siempre, sentirte traicionado, que te duela, que todo eso te duela. Crecer.
Que decía mi tío que en el dolor hay crecimiento, y tiene mucha razón.
De eso, de todo eso, se trata vivir.
Y ahora imaginate tu vida sabiendo qué es lo próximo, qué viene mañana, qué hay detrás de tu próxima elección, cuándo llega tu final, cuando termina tu aventura.
¿No le quita lo lindo y emocionante de avanzar cada casillero un poco más y vivir lo que tengamos que vivir? Por eso la aventura más linda de todas es la de vivir, sin pensar más allá.
Elegí tu propia aventura, y bancate lo que siga.
Sea lo que sea.
Y venga lo que venga.
24 junio, 2017
Disney
Cuando era chiquita veía cómo algunos de mis compañeros de la escuela, pese a todo lo que significa, se iban de viaje a Disney, sus padres les pagaban el viaje y eso era lo mejor que podían hacer por ellos. Podían ser los peores padres del mundo, los más ausentes, las personas más detestables pero si les pagaban el viaje, entonces inmediatamente se convertían en lo mejor del mundo.
Decís Disney y sabés que no hay un lugar más feliz que ese, o lo queres creer así. Con personajes, con lugares característicos de cuando eras chiquito, un lugar que te permitía soñar y dejar de pensar que, después, vos volves a tu lugar, que después volvés a enojarte con tus papás porque le dieron un regalo a tu hermano/a y a vos no, que después vos volvés a la escuela y la odiás porque todos te excluyen, que después el chico que te gusta te rompe el corazón.
Otra vez.
En Disney todo parece lindo, todo es genial, todo es mágico.
Una vez creí que la felicidad era que un chico te quiera y que para tus compañeros seas lo más, y todos quieran ser tus amigos. Tiempo después me di cuenta que la felicidad es encontrar y rodearte de gente que vale la pena, que te acompaña y que no te deja de acompañar si tus circunstancias cambian, y que podés estar con alguien y ser muy feliz o podes estar con alguien y ser una persona profundamente triste.
Una vez creí que mi vida no cambiaría sustancialmente de un día para el otro, porque después de todo nunca me faltó un plato de comida y un lugar donde vivir y me di cuenta que las personas, las que están al lado tuyo bien cerquita, importan a veces mucho más que lo material que tenes. Podes ser la persona más millonaria del mundo, tener todos los días lo que quieras sin importar cuánto cueste eso y estar completamente solo, y eso te marca para siempre.
Las personas que están te marcan, las personas que se van mucho más.
Muchas veces me sentí sola. Muchas veces me pregunté cuándo fue que me convertí en esto que soy hoy: desconfiada, cerrada, a veces amarga, a veces feliz por un ratito, cuándo es que me arme de un escudo imaginario que me protegiera de que no me lastimen, como si se pudiera, y no dejé entrar a nadie más.
Muchas veces me quejé de los cuentos y la forma en que nos vendían el amor a todos, ese que sana, que cura, que es lo mejor que te puede pasar, que si nadie te quiere, que si estás solo, que si a partir de cierta edad no formaste tu familia, no te asentaste, sos una persona triste, sola y que no tiene rumbo en la vida. Cuánta basura que nos vendieron y nosotros tuvimos que crecer con eso.
Muchas otras quise pensar al amor como algo que te salva la vida, que si encontraba alguien que me quiera todo lo demás se disipaba, desaparecía. Para siempre.
Como por arte de magia, como en Disney.
Es increíble que una persona pueda ser tu Disney.
Como por arte de magia, como en Disney.
Es increíble que una persona pueda ser tu Disney.
O tu infierno.
Y que muchas veces te quise olvidar un poco, y me encontré pensándote.
Pero me soltaste la mano.
27 mayo, 2017
Quizás, la despedida
Me gustaría decirte que ya dejé de pensar en vos, que ya no entro a tu whatsapp queriendo ver si cambiaste la foto de perfil o si todavía seguís con esa chica, que nunca quise escribirte, que nunca te escribí y borré el mensaje, que nunca me quedé dormida llorando con esa foto abierta, que no me importa, que nunca te quise preguntar si era tu novia, si la querías, y cuánto, y dónde la conociste, que no me importa, ya no me importa.
Pero no.
Traté de hacer mil cosas para dejar de pensar en vos, y ninguna funciona.
A veces me quiero autoconvencer de que es enfermizo todo esto, que no soy así, no quiero ser así, que no soy nadie, que claro que no iba a ser tu única novia para siempre, que sos libre, que siempre lo fuiste, que basta, ya está. Un poco me contradigo sola cuando recuerdo nuestros besos y te siento todavía acá conmigo. Pero no, mío no, no sos mío, no sos de nadie, o sos de quien quieras ser.
Yo tampoco fui tuya, porque tampoco soy de nadie. Las personas no tenemos dueño, no somos un perro o un gato que nos regala la tía Elisa de cumpleaños. No tengo una tía que se llame Elisa, y vos tampoco, pero es nombre de tía, ¿viste? ¿Sabés que me gustaba más de nuestra relación? Que me escuchabas hablar como si todo mi divague en verdad te resultara interesante, y que cuando no hablaba o cuando estaba triste no quisieras forzar nada, que te bancaras la incomodidad, que me dejaras apoyar la cabeza en tus piernas y me acariciaras el pelo y nos quedemos así, sin más, que así estaba bien, iba a estar bien. Vos entendías cuándo reírte, cuándo hablar, cuándo abrazarme. Que nos complementamos, me gustaba.
Que no nos obsesionamos y pensamos que amor es todo lo que nos mostraron que era, y que formamos nuestra propia historia, nuestro vinculo sano, y funcionaba. De verdad funcionaba.
Hasta que ya no.
Y ¿qué te voy a decir?, ¿que no me da bronca que seas así para alguien más? Te mentiría, y vos sabes que yo no miento. Pero te extraño, ¿sabes? Y te pienso. Y un poco te quiero olvidar. Y un poco quiero que alguien me diga que le gusto y no sacarlo cagando, como hago siempre, porque en el fondo te espero a vos.
Desde que cortamos que no salgo con nadie, y eso fue hace un montón, sí. Estuve con otros, claro, nada serio. Bueno, vos veo que sí, que varias veces, qué bueno, me gustaría que me pasara igual. Pero no es tu culpa, nada que ver, está bien como es todo, esta bien que hayas hecho tu vida.
Pero yo te extraño, pibe.
A veces me pregunto si estábamos destinados a despedirnos o hicimos algo mal.
Te escribo para ver si con esto te puedo soltar, te escribo aunque no te lo vaya a mandar, o quizás sí, no sé, te escribo porque, a lo mejor, escribiéndo(te) pueda dejar de escribir sobre y para vos. O quiero escribir de vos y que deje de ser sobre rogarte que me vuelvas a querer, que me extrañes, quiero contar nuestra historia y que resulte tan linda que les guste a todos.
Te quiero a vos, y vos ya me soltaste.
Hay algo enfermizo en no poder dejar ir una historia, una persona.
Por eso ahora es tiempo de que te suelte yo.
Pero no.
Traté de hacer mil cosas para dejar de pensar en vos, y ninguna funciona.
A veces me quiero autoconvencer de que es enfermizo todo esto, que no soy así, no quiero ser así, que no soy nadie, que claro que no iba a ser tu única novia para siempre, que sos libre, que siempre lo fuiste, que basta, ya está. Un poco me contradigo sola cuando recuerdo nuestros besos y te siento todavía acá conmigo. Pero no, mío no, no sos mío, no sos de nadie, o sos de quien quieras ser.
Yo tampoco fui tuya, porque tampoco soy de nadie. Las personas no tenemos dueño, no somos un perro o un gato que nos regala la tía Elisa de cumpleaños. No tengo una tía que se llame Elisa, y vos tampoco, pero es nombre de tía, ¿viste? ¿Sabés que me gustaba más de nuestra relación? Que me escuchabas hablar como si todo mi divague en verdad te resultara interesante, y que cuando no hablaba o cuando estaba triste no quisieras forzar nada, que te bancaras la incomodidad, que me dejaras apoyar la cabeza en tus piernas y me acariciaras el pelo y nos quedemos así, sin más, que así estaba bien, iba a estar bien. Vos entendías cuándo reírte, cuándo hablar, cuándo abrazarme. Que nos complementamos, me gustaba.
Que no nos obsesionamos y pensamos que amor es todo lo que nos mostraron que era, y que formamos nuestra propia historia, nuestro vinculo sano, y funcionaba. De verdad funcionaba.
Hasta que ya no.
Y ¿qué te voy a decir?, ¿que no me da bronca que seas así para alguien más? Te mentiría, y vos sabes que yo no miento. Pero te extraño, ¿sabes? Y te pienso. Y un poco te quiero olvidar. Y un poco quiero que alguien me diga que le gusto y no sacarlo cagando, como hago siempre, porque en el fondo te espero a vos.
Desde que cortamos que no salgo con nadie, y eso fue hace un montón, sí. Estuve con otros, claro, nada serio. Bueno, vos veo que sí, que varias veces, qué bueno, me gustaría que me pasara igual. Pero no es tu culpa, nada que ver, está bien como es todo, esta bien que hayas hecho tu vida.
Pero yo te extraño, pibe.
A veces me pregunto si estábamos destinados a despedirnos o hicimos algo mal.
Te escribo para ver si con esto te puedo soltar, te escribo aunque no te lo vaya a mandar, o quizás sí, no sé, te escribo porque, a lo mejor, escribiéndo(te) pueda dejar de escribir sobre y para vos. O quiero escribir de vos y que deje de ser sobre rogarte que me vuelvas a querer, que me extrañes, quiero contar nuestra historia y que resulte tan linda que les guste a todos.
Te quiero a vos, y vos ya me soltaste.
Hay algo enfermizo en no poder dejar ir una historia, una persona.
Por eso ahora es tiempo de que te suelte yo.
07 abril, 2017
Invierno
Te esperé durante unos minutos.
Apoyada en ese mostrador en ese bar en el que una vez te crucé tomando una cerveza: ahí estaba yo. También tomando una cerveza pero sola. Eran las 2 de la mañana y estaba sola.
Miraba alrededor y había gente riéndose, acompañada, algunos besándose y yo sola, tomando. Imagen más triste que esa no estoy encontrando.
El gato durmió conmigo porque tiene esa capacidad de entender cuándo me siento como el orto... o quizás un poco lo ayudó el que llegué llorando.
También que no entendía qué tanto había que esperar para que llegue alguien que tenga la misma sintonía que vos pero que estaba harta, le dije, que yo del amor estaba harta y no quería esperar más. El señor me prestó una carilina y me dijo: "Nena, el amor es lo que nos salva todos los días, no te enojes con él, enojate con el boludo que te tiene así".
Quiero dejar de sentir que acá afuera, sola,
es invierno y que justo,
yo justo,
me olvidé la campera en casa.
Apoyada en ese mostrador en ese bar en el que una vez te crucé tomando una cerveza: ahí estaba yo. También tomando una cerveza pero sola. Eran las 2 de la mañana y estaba sola.
Miraba alrededor y había gente riéndose, acompañada, algunos besándose y yo sola, tomando. Imagen más triste que esa no estoy encontrando.
Eran las 2 de la mañana y de repente no entendía el sentido de estar esperándote.
Sabía lo que ese día (esa noche, mejor dicho) significaría: "no te quiero ver más".
Sabía que no quería escucharlo, no quería estar ahí.
Sabía que no quería escucharlo, no quería estar ahí.
No si eso es lo que significaba.
Me lo veía venir, ¿sabés?
Lo noté en tu mirada, en tus respuestas monosilábicas, en tu poco entusiasmo, en lo poco que veníamos cogiendo y en tus pocas ganas de hacerlo.
Lo veía venir cuando dejé de ser hermosa, y pase a ser yo, con mi nombre.
Lo veía venir cuando dejé de ser hermosa, y pase a ser yo, con mi nombre.
Me lo veía venir porque tengo esa especie de intuición de mierda, esa que te avisa cuando algo llegó a su fin.
Te esperé durante una hora.
Me pedí, entre medio de esa hora, tres cervezas más.
Ya estaba borracha, es que yo no tomo mucho, ¿viste?
Pero, a lo mejor, ese día tomando, asimilaba mejor lo que estaba por venir.
Ya estaba borracha, es que yo no tomo mucho, ¿viste?
Pero, a lo mejor, ese día tomando, asimilaba mejor lo que estaba por venir.
Estaba borracha y vos no venías, y entonces mi celular parecía decirme que estaría bien si te escribía diciendo que eras un pelotudo y que mejor me voy a dormir, que total ya sé cuál es el fin de todo esto, que dejá, mejor dejá, quedate mirando series o haciendo lo que carajo estés haciendo, yo me voy a dormir.
Pero no me salió, ¿sabes?
No me nació ese enojo porque no estaba enojada, estaba borracha.
Y te escribí que no entendía qué es lo que pasaba con vos, no entendía qué tenía que hacer para que me quisieras un poquito, nada más un poquito pero que yo te quería un montón.
Y que no entendía por qué cada día te notaba un poquito más evasivo, como si quisieras escapar de mí y todo lo que tuviera que ver conmigo.
Me fui a dormir porque si me pedía una cerveza más terminaría vomitando en el sillón de aquel bar y me iban a echar, e iba a ser un bochorno.
Y yo nunca vomito además, con todo lo que odio hacerlo.
Bueno, supongo que nadie es fan de vomitar.
Me tomé un remis porque no quería caminar esas 10 cuadras, me puse unos tacos de mierda esperando estar un poco más alta para que, por si nos dábamos un beso, no tuvieras que agacharte tanto.
Sí, ya sé. ¿Viste qué pelotuda que soy?
Baje en mi departamento, tiré la cartera, me puse un capitulo de la serie que empecé a mirar con vos pero terminé mirando sola porque vos ya no tenías ganas de estar ahí y, como me estaba durmiendo, apagué todo y me dormí.
En el sillón.
En el sillón.
El gato durmió conmigo porque tiene esa capacidad de entender cuándo me siento como el orto... o quizás un poco lo ayudó el que llegué llorando.
En el viaje en remis le dije al señor, Alfio creo que se llamaba.
Un poco de nombre de remisero tiene, ¿no?
Bueno -decía-, en el viaje le dije al remisero que no entendía cuán masoquistas podíamos ser nosotros, los humanos, que vamos ahí, justo ahí, a buscar ese algo, ese alguien, que nos va a dejar el corazón en carne viva.
Es como si, en el fondo, disfrutáramos de nuestras malas elecciones.
Es como si, en el fondo, disfrutáramos de nuestras malas elecciones.
También que no entendía qué tanto había que esperar para que llegue alguien que tenga la misma sintonía que vos pero que estaba harta, le dije, que yo del amor estaba harta y no quería esperar más. El señor me prestó una carilina y me dijo: "Nena, el amor es lo que nos salva todos los días, no te enojes con él, enojate con el boludo que te tiene así".
Como si pudiera enojarme con vos...
Como si no esperaba a toda hora, todos los días, que me escribas y me pidas que por favor no me vaya de tu lado.
Y como si tuvieses la culpa de mi manía de siempre pero siempre; ilusionarme un poco de más.
Y como si tuvieses la culpa de mi manía de siempre pero siempre; ilusionarme un poco de más.
Quiero dejar de sentir que acá afuera, sola,
es invierno y que justo,
yo justo,
me olvidé la campera en casa.
01 marzo, 2017
No te vayas.
Esperaba que no tuviéramos que llegar a este momento pero, indudablemente, acá estamos.
Y es(t)e momento llegó.
Durante dos, tres o cuatro días lo único que hice es pensar en cómo salvarnos del pozo al que nos estábamos cayendo y no me di cuenta de que ya estábamos metidos en él, en realidad.
Acá está muy oscuro y a vos no te gusta la oscuridad.
(A mí tampoco)
Te pensé durante días, y noches enteras.
Pensé en una y un millón de formas de salvarnos de lo que viene después de que, uno de nosotros (vos) se de cuenta de que ya no funcionaba, esto ya no funcionaba.
Sabíamos lo que seguía, y ninguno quería que.
Y pensé una y mil veces en cómo salvar nuestro amor.
Cómo salvarnos.
Pero ya no había forma.
Intenté aprender a escribir poemas aunque no me guste escribirlos, aunque no sepa cómo, aunque no entienda qué es un verso y cuántos renglones van acá y cuántos en el renglón siguiente, aunque no entienda nada de nada, yo te quise y por eso te escribo.
Y por eso siempre lo voy a hacer.
Una vez te hice un poema de esos que te gustaban y entonces, entre risas, te dije que te lo dedicaba. Tu cara era entre la de sorprendido y tímido, o como la de quien prefiere salir de ahí.
De acá.
De mí.
Con vos era todo incertidumbre, un día me querías y al otro quizá te olvidabas de mí.
Tuvimos momentos de los más lindos, canciones que nos dedicábamos, charlas interesantes, risas, besos, abrazos, noches juntos que parecía que nada importaba.
Y te quise tanto, la puta madre.
Te quise tanto...
Te quise tanto que esperaba el momento en que vengas, me abraces, y me digas que estaba todo bien, que todo iba a estar bien, no importa cuán grave sea la situación que estuviésemos atravesando, todo iba a estar bien. Que no había tormentas, que nunca iban a haber.
Te quise tanto que cuando te lo decía siempre esperaba tu "y yo también, mi amor, yo también"
(y todas las veces lo escuchaba).
Te quise tanto que empecé a querer que se callaran los fantasmas de mi cabeza.
Te quise tanto que, en el afán de quererte, me olvidé de mí misma: me convertí en otra, una yo que no quería ser.
Y me encontré desdibujada.
Te quise tanto que, un día, te encontré.
Y al otro, te perdí.
Te quise tanto que me pregunto cuántas horas faltan para que vuelvas, para que me beses,
cuántas para que te vuelvas a ir,
y cuántas para que ya no me extrañes más.
Pero ahora me desperté,
y mientras tanto seguís acá, mientras tanto me querés.
Mientras tanto te veo y nos sonreímos,
te toco, nos besamos
y nada de todo esto pasó.
Quiero despertarme todos los días sabiendo que todo fue un sueño
(una pesadilla)
Que seguís acá, quiero saber que un día me querés y al otro me querés un poquito más, que nuestro amor no es de esos que te enseñan de chiquito, esos que te dicen que el amor obsesivo no es obsesivo, que eso es amor, que celar está bien, que un poquito es normal.
Quiero despertarme y saber que no nos amábamos de la manera que nos enseñaron amar, que lo hacemos bien, y nos hicimos bien.
Quiero que me despiertes, como hoy, con un desayuno y un beso con gusto a café.
Y sentir que no te vas, y que no te vas a ir.
(No te vayas,
por
favor).
Y es(t)e momento llegó.
Durante dos, tres o cuatro días lo único que hice es pensar en cómo salvarnos del pozo al que nos estábamos cayendo y no me di cuenta de que ya estábamos metidos en él, en realidad.
Acá está muy oscuro y a vos no te gusta la oscuridad.
(A mí tampoco)
Te pensé durante días, y noches enteras.
Pensé en una y un millón de formas de salvarnos de lo que viene después de que, uno de nosotros (vos) se de cuenta de que ya no funcionaba, esto ya no funcionaba.
Sabíamos lo que seguía, y ninguno quería que.
Y pensé una y mil veces en cómo salvar nuestro amor.
Cómo salvarnos.
Pero ya no había forma.
Intenté aprender a escribir poemas aunque no me guste escribirlos, aunque no sepa cómo, aunque no entienda qué es un verso y cuántos renglones van acá y cuántos en el renglón siguiente, aunque no entienda nada de nada, yo te quise y por eso te escribo.
Y por eso siempre lo voy a hacer.
Una vez te hice un poema de esos que te gustaban y entonces, entre risas, te dije que te lo dedicaba. Tu cara era entre la de sorprendido y tímido, o como la de quien prefiere salir de ahí.
De acá.
De mí.
Con vos era todo incertidumbre, un día me querías y al otro quizá te olvidabas de mí.
Tuvimos momentos de los más lindos, canciones que nos dedicábamos, charlas interesantes, risas, besos, abrazos, noches juntos que parecía que nada importaba.
Y te quise tanto, la puta madre.
Te quise tanto...
Te quise tanto que esperaba el momento en que vengas, me abraces, y me digas que estaba todo bien, que todo iba a estar bien, no importa cuán grave sea la situación que estuviésemos atravesando, todo iba a estar bien. Que no había tormentas, que nunca iban a haber.
Te quise tanto que cuando te lo decía siempre esperaba tu "y yo también, mi amor, yo también"
(y todas las veces lo escuchaba).
Te quise tanto que empecé a querer que se callaran los fantasmas de mi cabeza.
Te quise tanto que, en el afán de quererte, me olvidé de mí misma: me convertí en otra, una yo que no quería ser.
Y me encontré desdibujada.
Te quise tanto que, un día, te encontré.
Y al otro, te perdí.
Te quise tanto que me pregunto cuántas horas faltan para que vuelvas, para que me beses,
cuántas para que te vuelvas a ir,
y cuántas para que ya no me extrañes más.
Pero ahora me desperté,
y mientras tanto seguís acá, mientras tanto me querés.
Mientras tanto te veo y nos sonreímos,
te toco, nos besamos
y nada de todo esto pasó.
Quiero despertarme todos los días sabiendo que todo fue un sueño
(una pesadilla)
Que seguís acá, quiero saber que un día me querés y al otro me querés un poquito más, que nuestro amor no es de esos que te enseñan de chiquito, esos que te dicen que el amor obsesivo no es obsesivo, que eso es amor, que celar está bien, que un poquito es normal.
Quiero despertarme y saber que no nos amábamos de la manera que nos enseñaron amar, que lo hacemos bien, y nos hicimos bien.
Quiero que me despiertes, como hoy, con un desayuno y un beso con gusto a café.
Y sentir que no te vas, y que no te vas a ir.
(No te vayas,
por
favor).
14 enero, 2017
Ave Fenix
Nunca esperás que el momento en que se termina el amor y con él toda una historia escrita a la par con otra persona.
Siempre solemos comenzar las historias con expectativas y ilusiones de que todo va a ir bien, de que todo es lindo, todo se puede, porque el amor lo puede todo, que puede tener complicaciones pero que siempre gana por sobre todas las cosas y cosas así.
Bueno, el amor no todo lo puede. Algunas veces no puede nada. No basta.
No podes nunca construir toda una historia de amor en simples expectativas, ilusiones y esperanzas. Y las relaciones no se construyen, no son un edificio, no se recuperan, no se retienen, no se llenan con regalos o con intentos y más intentos. Son sentimientos. Los sentimientos están o no. Y si no hay amor, no hay nada.
Fernanda era una asumida amante del amor, una Susanita cualquiera, una confesada cursi que no le importaba más que su novio. En serio, no es exagerado, de lo único que nos hablaba y lo único que le importaba era su novio. Siempre le dije que no era una buena forma de vivir el amor la que tenía, y ella se enojaba. Hasta que deje de decírselo porque no entendía y solamente generaba discusiones entre nosotras.
Desde que nos hicimos amigas, hace cuatro años, que Fer está con Mauro. Nos lo presentó al cabo del año por miedo a quién sabe qué cosa, quizás porque antes era apresurado para presentárnoslo a su grupo de mejores amigas y arriesgarse a las criticas -buenas o malas- tan tempranamente, sin siquiera tener algo del todo sólido.
Lo conocimos a Mauro, y nos cayó bien pero había algo que notábamos de la mirada de él a ella que no era la misma que ella tenía con el. Fernanda estaba muerta de amor por Mauro, y Mauro... Y Mauro la quería mucho y estaba bien. Eso se veía. Eso presentimos.
Tenía miedo de pensarlo pero supe que, un tiempo después, iba a ser él quien le rompa el corazón a nuestra amiga.
Fernanda desapareció de nuestro grupo al cabo de un tiempo, no la vimos más porque la relación la consumió o algo así, y solamente estaba con y para él, todo el tiempo y a todos lados. A nosotras nos molestó al notar esto, y en principio la llamábamos buscando que siga viéndonos, diciéndole que podía convivir con las dos cosas, que una cosa no quitaba la otra, podía divertirse con nosotras, tomar algo juntas, almorzar, cenar o lo que sea y a su vez estar de novia, que no entendíamos qué concepto raro del amor tenía pero que eso claramente no era amor si la distanciaba de su otro circulo más cercano: sus amigas. O su familia. O cualquier otra persona de su entorno. Que su vida no podía girar en él y solo en él, que también necesitaban sus espacios propios.
Era como hablarle a la pared.
Era como hablarle a la pared.
La volvimos a ver ayer, cuando un día antes nos mandó un audio al grupo después de siglos sin saber de ella, casi llorando, porque Mauro la había dejado.
- Le dije que iba a estar bien y le mentí porque no puedo- nos dice Fer con voz triste, entre otras cosas, en el audio de 5 min 45 seg que nos mandó- Necesito verlas chicas por favor. Sé que estuve ausente, que se sintieron desplazadas y de hecho sé que las desplace un poco, sé que estuvo mal pero Mauro para mí era todo, hace cuatro años que Mauro para mí es todo, sabe todo de mí, es como la palma de mi mano. Y ya no está. Y me quedan ustedes, y las necesito, con todo mi corazón, las necesito -sigue diciéndonos ahora llorando.
Entendíamos que no era momento para quejarnos de lo poco que le interesó nuestra amistad en el año y medio último, que nos necesitaba, que ella a pesar de todo era nuestra mejor amiga y nos necesitaba. Arreglamos para vernos ayer y Fernanda no podía más, no tenía brillo propio porque se lo había quitado todo todo la relación con Mauro. Traté de decirle algunas cosas como que entendía que era una relación de muchos años, que era mucho para ella, que el amor que se tuvieron existió y que a pesar de vivirlo de una forma (tan) absorbente como la que lo vivió y de que no exista nadie más para ella ese amor iba a seguir siendo en tanto forme parte de su historia y eso iba a ser para siempre, que le iba a enseñar nuevas formas de amar, que iba a poder amar de nuevo, y mejor. Que iba a estar bien, que nunca nadie se murió por amor y no iba a ser el primer caso. Y que no le puedo dar fórmulas mágicas para que le deje de doler, que no se le iba a pasar de un día para el otro, que iba a ser así, doloroso, hasta que un día ya no, hasta que un día se despierte y sonría al recordar que esa historia existió y que no duele más, ya no más.
Fernanda me abrazó y me dijo que siempre tenía las palabras que necesitaba y que era de las mejores personas que tuvo la suerte de conocer, que la perdone, que me dejó en banda, y que sabía que eso me dolía, que nunca más en serio nunca más, yo me emocioné y le dije que la entendía, que no me diga nada más que me iba a largar a llorar y no daba. Nos reímos.
Fernanda me abrazó y me dijo que siempre tenía las palabras que necesitaba y que era de las mejores personas que tuvo la suerte de conocer, que la perdone, que me dejó en banda, y que sabía que eso me dolía, que nunca más en serio nunca más, yo me emocioné y le dije que la entendía, que no me diga nada más que me iba a largar a llorar y no daba. Nos reímos.
Pero Fernanda lloró muchas veces más, y algunas hasta quedarse sin aire, y se distanció un poco de nuevo de todas nosotras, nos decía que necesitaba estar un poco sola, transitar todo esto sola, que no se sentía bien con lo apagada que estaba sin poder reírse con nosotras, no se sentía bien con la lástima que le inspiraba a la gente cuando decía que la habían dejado ni con las preguntas de por qué, cómo, ¿por otra fue? Necesitaba tiempo para resurgir de las cenizas que quedaban de lo que era, cual Ave Fenix.
- No encajo en todo lo feliz que son ustedes y todo lo triste que estoy yo, chicas, perdón, necesito tiempo- nos dijo.
Mauro la dejó por alguien más, eso ya lo sabía, y no entendía por qué esperó tanto para finalmente romperle el corazón de esa forma.
Y a Fernanda no le quedaba otra opción que la tristeza. Lo triste de la tristeza es que te empuja a quedarte ahí, para siempre. -Vení, pasa, acomodate -te dice. Y Fernanda era una persona triste ahora, y no hay nada más triste que una persona que está triste y se queda, ahí, en la tristeza. Se acomodó en la tristeza y ahora solo le quedaba empezar a sentirse incómoda e irse. Huir de ahí.
Y a Fernanda no le quedaba otra opción que la tristeza. Lo triste de la tristeza es que te empuja a quedarte ahí, para siempre. -Vení, pasa, acomodate -te dice. Y Fernanda era una persona triste ahora, y no hay nada más triste que una persona que está triste y se queda, ahí, en la tristeza. Se acomodó en la tristeza y ahora solo le quedaba empezar a sentirse incómoda e irse. Huir de ahí.
Y Fernanda un día se levantó y ya no lloraba, ya no se acordaba lo que era acostarse con dolor en el pecho, ya no estaba más triste, ya no miraba las cartas de Mauro, ya no extrañaba su perfume, ya está. Sonreía y era feliz. "Fue amor", se dijo, "pero fue.
Y yo tengo que seguir".
Y yo tengo que seguir".
Y se enamoró (de nuevo).
Y se dio cuenta de que era amor.
Que lo miraba a los ojos,
y era amor.
Y que así es el amor; se empieza todos los días de nuevo.
Y así somos nosotros intentándolo.
Con una sonrisa juntando nuestras partecitas rotas e intentándolo.
Otra vez y otra vez.
Y otra vez.
Y así somos nosotros intentándolo.
Con una sonrisa juntando nuestras partecitas rotas e intentándolo.
Otra vez y otra vez.
Y otra vez.
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