Apoyada en ese mostrador en ese bar en el que una vez te crucé tomando una cerveza: ahí estaba yo. También tomando una cerveza pero sola. Eran las 2 de la mañana y estaba sola.
Miraba alrededor y había gente riéndose, acompañada, algunos besándose y yo sola, tomando. Imagen más triste que esa no estoy encontrando.
Eran las 2 de la mañana y de repente no entendía el sentido de estar esperándote.
Sabía lo que ese día (esa noche, mejor dicho) significaría: "no te quiero ver más".
Sabía que no quería escucharlo, no quería estar ahí.
Sabía que no quería escucharlo, no quería estar ahí.
No si eso es lo que significaba.
Me lo veía venir, ¿sabés?
Lo noté en tu mirada, en tus respuestas monosilábicas, en tu poco entusiasmo, en lo poco que veníamos cogiendo y en tus pocas ganas de hacerlo.
Lo veía venir cuando dejé de ser hermosa, y pase a ser yo, con mi nombre.
Lo veía venir cuando dejé de ser hermosa, y pase a ser yo, con mi nombre.
Me lo veía venir porque tengo esa especie de intuición de mierda, esa que te avisa cuando algo llegó a su fin.
Te esperé durante una hora.
Me pedí, entre medio de esa hora, tres cervezas más.
Ya estaba borracha, es que yo no tomo mucho, ¿viste?
Pero, a lo mejor, ese día tomando, asimilaba mejor lo que estaba por venir.
Ya estaba borracha, es que yo no tomo mucho, ¿viste?
Pero, a lo mejor, ese día tomando, asimilaba mejor lo que estaba por venir.
Estaba borracha y vos no venías, y entonces mi celular parecía decirme que estaría bien si te escribía diciendo que eras un pelotudo y que mejor me voy a dormir, que total ya sé cuál es el fin de todo esto, que dejá, mejor dejá, quedate mirando series o haciendo lo que carajo estés haciendo, yo me voy a dormir.
Pero no me salió, ¿sabes?
No me nació ese enojo porque no estaba enojada, estaba borracha.
Y te escribí que no entendía qué es lo que pasaba con vos, no entendía qué tenía que hacer para que me quisieras un poquito, nada más un poquito pero que yo te quería un montón.
Y que no entendía por qué cada día te notaba un poquito más evasivo, como si quisieras escapar de mí y todo lo que tuviera que ver conmigo.
Me fui a dormir porque si me pedía una cerveza más terminaría vomitando en el sillón de aquel bar y me iban a echar, e iba a ser un bochorno.
Y yo nunca vomito además, con todo lo que odio hacerlo.
Bueno, supongo que nadie es fan de vomitar.
Me tomé un remis porque no quería caminar esas 10 cuadras, me puse unos tacos de mierda esperando estar un poco más alta para que, por si nos dábamos un beso, no tuvieras que agacharte tanto.
Sí, ya sé. ¿Viste qué pelotuda que soy?
Baje en mi departamento, tiré la cartera, me puse un capitulo de la serie que empecé a mirar con vos pero terminé mirando sola porque vos ya no tenías ganas de estar ahí y, como me estaba durmiendo, apagué todo y me dormí.
En el sillón.
En el sillón.
El gato durmió conmigo porque tiene esa capacidad de entender cuándo me siento como el orto... o quizás un poco lo ayudó el que llegué llorando.
En el viaje en remis le dije al señor, Alfio creo que se llamaba.
Un poco de nombre de remisero tiene, ¿no?
Bueno -decía-, en el viaje le dije al remisero que no entendía cuán masoquistas podíamos ser nosotros, los humanos, que vamos ahí, justo ahí, a buscar ese algo, ese alguien, que nos va a dejar el corazón en carne viva.
Es como si, en el fondo, disfrutáramos de nuestras malas elecciones.
Es como si, en el fondo, disfrutáramos de nuestras malas elecciones.
También que no entendía qué tanto había que esperar para que llegue alguien que tenga la misma sintonía que vos pero que estaba harta, le dije, que yo del amor estaba harta y no quería esperar más. El señor me prestó una carilina y me dijo: "Nena, el amor es lo que nos salva todos los días, no te enojes con él, enojate con el boludo que te tiene así".
Como si pudiera enojarme con vos...
Como si no esperaba a toda hora, todos los días, que me escribas y me pidas que por favor no me vaya de tu lado.
Y como si tuvieses la culpa de mi manía de siempre pero siempre; ilusionarme un poco de más.
Y como si tuvieses la culpa de mi manía de siempre pero siempre; ilusionarme un poco de más.
Quiero dejar de sentir que acá afuera, sola,
es invierno y que justo,
yo justo,
me olvidé la campera en casa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario