Me gustaría decirte que ya dejé de pensar en vos, que ya no entro a tu whatsapp queriendo ver si cambiaste la foto de perfil o si todavía seguís con esa chica, que nunca quise escribirte, que nunca te escribí y borré el mensaje, que nunca me quedé dormida llorando con esa foto abierta, que no me importa, que nunca te quise preguntar si era tu novia, si la querías, y cuánto, y dónde la conociste, que no me importa, ya no me importa.
Pero no.
Traté de hacer mil cosas para dejar de pensar en vos, y ninguna funciona.
A veces me quiero autoconvencer de que es enfermizo todo esto, que no soy así, no quiero ser así, que no soy nadie, que claro que no iba a ser tu única novia para siempre, que sos libre, que siempre lo fuiste, que basta, ya está. Un poco me contradigo sola cuando recuerdo nuestros besos y te siento todavía acá conmigo. Pero no, mío no, no sos mío, no sos de nadie, o sos de quien quieras ser.
Yo tampoco fui tuya, porque tampoco soy de nadie. Las personas no tenemos dueño, no somos un perro o un gato que nos regala la tía Elisa de cumpleaños. No tengo una tía que se llame Elisa, y vos tampoco, pero es nombre de tía, ¿viste? ¿Sabés que me gustaba más de nuestra relación? Que me escuchabas hablar como si todo mi divague en verdad te resultara interesante, y que cuando no hablaba o cuando estaba triste no quisieras forzar nada, que te bancaras la incomodidad, que me dejaras apoyar la cabeza en tus piernas y me acariciaras el pelo y nos quedemos así, sin más, que así estaba bien, iba a estar bien. Vos entendías cuándo reírte, cuándo hablar, cuándo abrazarme. Que nos complementamos, me gustaba.
Que no nos obsesionamos y pensamos que amor es todo lo que nos mostraron que era, y que formamos nuestra propia historia, nuestro vinculo sano, y funcionaba. De verdad funcionaba.
Hasta que ya no.
Y ¿qué te voy a decir?, ¿que no me da bronca que seas así para alguien más? Te mentiría, y vos sabes que yo no miento. Pero te extraño, ¿sabes? Y te pienso. Y un poco te quiero olvidar. Y un poco quiero que alguien me diga que le gusto y no sacarlo cagando, como hago siempre, porque en el fondo te espero a vos.
Desde que cortamos que no salgo con nadie, y eso fue hace un montón, sí. Estuve con otros, claro, nada serio. Bueno, vos veo que sí, que varias veces, qué bueno, me gustaría que me pasara igual. Pero no es tu culpa, nada que ver, está bien como es todo, esta bien que hayas hecho tu vida.
Pero yo te extraño, pibe.
A veces me pregunto si estábamos destinados a despedirnos o hicimos algo mal.
Te escribo para ver si con esto te puedo soltar, te escribo aunque no te lo vaya a mandar, o quizás sí, no sé, te escribo porque, a lo mejor, escribiéndo(te) pueda dejar de escribir sobre y para vos. O quiero escribir de vos y que deje de ser sobre rogarte que me vuelvas a querer, que me extrañes, quiero contar nuestra historia y que resulte tan linda que les guste a todos.
Te quiero a vos, y vos ya me soltaste.
Hay algo enfermizo en no poder dejar ir una historia, una persona.
Por eso ahora es tiempo de que te suelte yo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario