Desde el comienzo, estuve acompañándola. Ella vendía velas y jabones. Bueno, vendía a veces era una forma de decir. Pero, sin embargo, ella estaba ahí.
Yo iba algunos fines de semana, en principio. Iba todos los fines de semana, un poco después.
Un día, unos nenes me tocan el hombro y me dicen "¿Nos podemos sacar una foto con vos?" "¿Una foto? ¿Conmigo?". "Si, es que vos te parecés a una famosa". "¿Yo famosa? Bueno, dale", les digo. Y así fue cómo me saque una foto con dos nenes que no sabía quiénes eran, pero ellos pensaban que yo me parecía a alguien. Y estuvo bueno.
Estuvo bueno sentir que alguien quería tener una foto conmigo, que yo no era nadie pero que igual alguien quería tener una foto conmigo.
De chiquita, desde muy chiquita, yo jugaba a ser famosa.
Primero quería ser famosa siendo modelo. Agarraba los tacos de mi mamá, le pedía su vestido -el que usó para casarse- o quizás pedía que me compren, por favor, que me compren cositas de princesa. Me pintaba y desfilaba después por el corto pasillo del departamento en el que vivíamos en Villa Celina. Entonces se escuchaba "Ahí viene la super modelo, la más linda de todas, ¡Mailen!". Y ahí salía yo, toda chiquita, vestida como princesa, desfilando, tirando besos, moviendo la cadera, con tacos que me quedaban grandes y pintada muy mal.
Después, más de adolescente, pensé "ya sé, quiero ser actriz". Recién nos mudábamos al barrio donde vivimos actualmente, por lo que yo lo único que hacía era ir al colegio y volver a mi casa. Y entonces yo quería, realmente quería ser actriz. Entonces les pedí, les supliqué, les rogué a mis papas que me dejen ser actriz. Mis papas me bancaron y me dijeron que sea lo que quiera ser. Siempre soñaba con formar parte de Chiquititas o de ser actriz en alguna novela. Me miraba al espejo y fingía una escena.
Me enteré de un seminario de diez clases, casi gratuito creo pero no me acuerdo, donde te enseñaban un poquito cómo era y yo, que era nueva y no entendía nada de qué calles eran cuales ni cómo llegar, fui. Mi mamá me llevo algunas clases, después vivía cerca así que iba y volvía sola.
Las primeras clases nos enseñaban cosas como cómo concentrarse, cómo relajarse, cómo hacer uso de las emociones cuando una escena lo precisara, etc. Salí de ahí feliz y muy relajada.
Un día salí de ahí y me desorienté. No sabía cómo tenía que volver a mi casa. Estaba en la plaza así que decidí buscar a la policía. "Me perdí". "¿Cómo que te perdiste?" me dicen. "Si, tenia que volver a mi casa, me desoriente y me perdí". "Bueno, ¿tenés algun telefono para comunicarte?". "Sí, el de mi mamá o el de mi casa" "Bueno pasanoslo". Se los paso. "Tenés que esperar, ¿sí?". "Sí, pero ya me acordé como volver". "No, no te podes ir, tenes que esperar". Esperé a mi mamá, me dijo que cómo me voy a perder si era re fácil volver, yo le digo que me desoriente, que no me acordaba cómo volver. Me dijo mirá y aprendé el camino que te tenés que aprender a manejar sola tarde o temprano.
No volví a querer ser actriz.
(Aunque siempre quise ser parte de una novela de Cris Morena)
Estaba terminando el colegio. Descubrí por este entonces cuánto me gustaba escribir. Empecé a escribir, era malísimo lo que hacía. No escribí más.
Desde 1° a 3° cambié dos veces qué quería ser. "Quiero ser veterinaria" pensaba firmemente. "Si, me gustan mucho los animales, los quiero cuidar y salvarles la vida". Eso sostuve hasta que en el último año, desde la escuela, nos incentivaban a que busquemos de qué se trata la carrera que habíamos elegido y demás cosas. Ahí ví que no era color de rosas, que no iba a poder con todo eso.
En los meses siguientes dije "bueno, entonces voy a estudiar Diseño de Imagen y Sonido. Sí, eso. Me encanta, quiero hacer cortos, sacar fotos, todo me gusta". Terminé la escuela, me anote a esa carrera. Conocí cómo era ir a la facultad, conocí profesores -me enamoré de uno- y compañeros, también me enamoré de uno. No podía aprobar. No me iba bien. No me sentía bien nunca, la pasaba mal siempre.
Me tomé un año. Durante ese año busqué, en vano, trabajar. Nunca me llamaron.
Siempre me gustó inglés, siempre quise estudiar. Mamá me insistía en que busque algo que me guste, que no pasaba nada si no trabajaba, pero que busque algo que me guste y estudie.
Un día me acompañó, fui a preguntar para ser Maestra Jardinera. Salí del lugar esperando para inscribirme al Profesorado de ingles. En simultáneo, descubrí que la Psicología me despertaba una pasión que jamás había sentido por otra cosa -además de inglés-, entonces volví a anotarme para estudiar en la facultad. Me estanqué y no pude aprobar matemática del CBC.
No podía seguir, ya no podía seguir.
Otra vez.
Era muy piba para saber que quería hacer para toda mi vida. Nos
exigen que decidamos toda nuestra vida de un año a otro, y es demasiado pronto para saberlo.
Ahora me anoté a Comunicacion Social y, también, estoy estudiando ingles.
Volví a escribir y sé que ahora, no lo voy a dejar.
Ya soy grande y no quiero ser famosa.
Me basta con encontrar mi lugar, lo que quiero seguir en mi vida, ser lo suficientemente buena y útil en lo que sea que haga.
Pero un día.
Un día fui famosa por un ratito.
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