Soy hija de padres separados. Sabemos todos los hijos de padres separados qué significa serlo.
Es decir, nacemos y la primera muestra de amor que tenemos es a nuestros padres, llorando o no, juntos y dándose un beso como muestra del amor que se tienen (o eso es lo que nos muestran las peliculas y entonces creemos que siempre es así).
La primera prueba de un amor que no se quiere morir... Pero que, eventualmente, se muere.
Soy hija de padres separados y no fui al psicólogo para hablarlo, y no porque no 'crea' en psicólogos o porque no quiera contar lo que me significó, o porque a lo mejor me recuerde a una época muy infeliz de mi vida, simplemente lo maneje como pude y pude con eso. O quise convencerme de eso y pude. Pude aceptarlo, pude asumirlo, pude entender que en realidad es algo que pasa y las cosas que pasan pasan o no, y si no te pasan a la fuerza en definitiva duelen más. Que hay que saber frenar a tiempo en una historia en la que lastimas a alguien más porque algunas marcas no se borran aunque sepamos perdonar. Que la vida de cada uno es la vida de cada uno, y se hace lo que se puede.
O quizás queramos conformarnos con esa frase.
Soy hija de padres separados pero cuando era chiquita los tuve juntos, tuve la viva imagen de lo que era el amor que se tenían y me hacía bien saberlo. Jugaba a ser una princesa y tenía todo lo que tal tenía: coronita, vestido, escritorio con anillos y tacos de plástico, jugaba con las barbies, jugaba a tener hijos y un marido. Un príncipe azul que llegue y seamos felices para siempre. Y miraba todos los programas de Cris Morena.
Pero crecés y te das cuenta que no todo es un cuento de Disney, que aunque Cris diga que el amor es una magia y que las haditas esto u lo otro, en realidad no existen (tales) hadas ni principes (pero igual me permito contradecir a Floricienta y decir que los sueños sí existen aunque no viene al caso).
Que el dolor de separarte de alguien que amás pero que no, es punzante, fuerte, asfixiante y insoportable por momentos y que lo viví al crecer, enamorarme, apostar a una historia, no saber cómo manejar todo lo que me pasa, no sabía lo que era el amor.
No sabía lo que era llorar por amor hasta quedarte sin aire, y me pasó.
Pero qué egoísta y cruel aquel que sigue al lado de una persona sin pensar que con cada palabra, cada gesto, cada acción que hace (o que no hace) lastima. Hay que ser muy egoísta para no darle la oportunidad a quien más te amó de saber dejarte ir, y en cambio irse de pronto, así como así, "porque ya no te amo más", sin más explicaciones. Los amores de adolescentes son así.
(Algunos amores de grandes también).
Soy hija de padres separados y al ver que el amor no funcionaba de esa manera no desistí, no me rendí, no deje de sentir, no me volví una persona fría, no deje de llorar cuando lo sentía, no sentí que la vida era una mierda y que qué esperanza puedo tener yo cuando todos los modelos de amores que conozco fallaron y yo los ví fallar.
Soy hija de padres separados y la ultima vez que aposté al amor y me enganche un chico me dejó diciéndome que en realidad no buscaba algo serio y que quizás él no podía ocupar el lugar que yo quería ni darme lo que yo quería, que 'no es de relaciones serias'.
Todo esto por querer saber exactamente qué lugar estaba ocupando en su vida. Por la exactamente tan dificil para algunos de responder "qué somos exactamente?". Porque yo necesito saber eso en una eventual, casual y nueva historia. Y no sé qué tanto problema con eso.
Soy hija de padres separados y, eventualmente, espero volver a sentir la esperanza de que gustar de alguien, enamorarme, pensar en él y apostar por lo que me pasa vale la pena, sin miedos ni inseguridades ni preocupaciones que me boicoteen cada vez.
Soy hija de padres separados y pienso que el amor existe, que el problema no está en el amor.
Que el amor es un sentimiento y como todo sentimiento nace y muere sin poder tomar conciencia de ello. Pero qué aburrido sería si se pudiera.
Vamos por la vida creyendo que el amor es uno solo, que nunca más nunca más nunca más y, en lo que dura un parpadeo, estamos volviendo a confíar en que podemos con alguien más.
El problema -repito- no es el amor.
El problema es que no sabemos amar.
Y nadie nos enseña a hacerlo. Lo hacemos solos.
Como todo, al final.
Y mejor.
Y entonces, la clave es:
NO
DEJAR
DE
INTENTARLO.
La clave, siempre, es no dejar de hacerlo. Aunque cueste, aunque duela, aunque sangre y lastime, es amor. Y de una forma u otra, hay que vivirlo.
ResponderEliminarEs necesario vivir las cosas para saber que, si duele, es porque estamos vivos y necesitamos aprender. Cada dolor es un nuevo comienzo, me dijeron una vez. Gracias por leerme, Guidi ��
Eliminar