30 marzo, 2016

Ni todas las horas del mundo - Segunda parte.

(La primer parte la podés leer acá).

Pau:

No sé si está bien lo que estoy haciendo. No sé si escribirte una carta mejoraría o empeoraría las cosas. Sé que desde esa vez que me fui a la madrugada y que te dije que ya no iba más, que no eras el amor de mi vida, que teníamos que terminar, pasó un tiempo. Un año para ser preciso.
Sé que de los cuatro años que estuvimos juntos y de los dos que convivimos me quedo con todo, con todos los recuerdos y todas las cosas que pasamos, pero por sobre todo, con las primeras veces que llegamos a la casa nueva y tu sonrisa plena y hermosa me decía que estabas feliz de todo lo que (nos) estaba pasando.
Fueron cuatro años, Paula. Cuatro años de relación, de idas y de venidas, de discusiones, de enojos, pero cuatro años. Y sé que escribirte esto ahora y decirte lo que te estoy por decir es egoísta y que me podes odiar, pero yo te extraño. Te extraño de verdad. Te necesito conmigo sonriendo y tocándome el pelo diciéndome que estoy loco por haber gritado que te amo aquella vez en plena Av Cabildo. No, no te voy a pedir que volvamos porque me porte como un pelotudo y no te merezco conmigo después de todo. Pero te extraño todas las noches. Todos los días.
Mauro me contó que te vio con un chico, de la mano, y se me partió el corazón en mil pedazos. Siento que se me cayó el edificio entero encima. ¿Cómo fui tan pelotudo de dejarte ir? Mejor dicho; ¿cómo fui tan pelotudo para irme?
Cómo me equivoque al decirte que no eras el amor de mi vida. Sé que lo sos, y que lo vas a ser siempre. Pero supongo que ahora sos feliz, ¿no? Saberte feliz me basta. Pero me duele.
Me duele porque ya no voy a tener tu sonrisa en mi almohada, ni el roce de tu piel suave al lado mío, ni tus piernas enroscadas en las mías. Ni tu voz dulce. Ni tus abrazos, ni tus caricias y menos tus besos. Me duele que ya no voy a tenerte a vos. Que te deje ir, me duele. Pero bueno, insisto, me lo merezco por pelotudo.
Yo estoy viviendo con Bianca, sí, la gata roñosa esa que lleve un día y que cuando me fui esa madrugada me dijiste que me la lleve, que te la habías bancado porque la lleve yo y que todo estaba bien, pero que ya no y que te daba alergia.
Estoy viviendo en el depto de Lucas, que vivía acá pero se fue a vivir con la novia y el papá, un capo, me lo alquila a mí. Menos mal, porque me echaron ayer del laburo y le pedí un poco de tiempo para conseguir otro y el tipo un copado me dijo que sí, que no me preocupe, que incluso le pagaba por una cuestión mía pero que ni siquiera precisaba que lo haga. Y claro, tiene banda de guita el tipo.
Bianca es una gata de mierda, cero compañía, se la pasa afuera la muy forra. Y Lucas se fue, como te dije. Mauro vive con los viejos, así que acá estoy, en un departamento de 3 ambientes en pleno Palermo pero solo. Porque me siento solo acá.
¿Ves? Me está saliendo todo mal sin vos. Como me gustaría remediar las cosas.
No sabés lo que te necesito.
Sé que vas a leer esto y decir “es tarde”, te conozco. Ya sé que es tarde. Por eso esta todo tan mal en mí, porque ya no te puedo recuperar. Porque soy un pelotudo (x5)
Y vos sos una mina hermosa, y que te mereces toda la felicidad del mundo.
Perdoname, Paula, por todo el daño que te cause. Espero en verdad que seas siempre muy feliz, que tu sonrisa ilumine todos los lugares del mundo.
¿Cómo se llama? ¿Hace cuánto salen? Sé que no me corresponde preguntarte estas cosas, pero al menos… quiero saber algo de vos.
Te mando un beso, y acá en el sobre te dejo unas fotos tuyas que me diste cuando todavía no vivíamos juntos. Todavía las guardaba.

PD: Sabe ahora vos que ni todas las horas del mundo bastan para borrar tu nombre de mi corazón. Te amo y te voy a amar siempre, porque sos el amor de mi vida.

No tenés que responder. Ahora sí, chau.
Andrés.



•••

Andrés:
No tenés derecho.
No tenés derecho de escribirme y decirme ahora que son cuatro años, que te arrepentís, que soy el amor de tu vida, que me extrañas, que me necesitas, usar mi última frase para decírmela a mi ahora y de ninguna de las demás cosas que hiciste en esa carta del orto que me mandaste, no tenés derecho, ningún derecho tenés Andres.
Fueron cuatro años, sí, pero vos te cagaste en esos cuatros años cuando te fuiste diciendome lo que me dijiste. Te cagaste en todo el amor que nos teníamos.
La puta madre, Andrés. La puta madre.

Fijate lo pelotudo que sos que hizo falta un año y que yo esté con alguien más para darte cuenta que me amas. Y sí, estoy con alguien más, Leandro se llama, y estoy bien. Soy feliz. Decidimos no convivir lógicamente al menos por el momento porque es mejor así. Cuando no tenemos que hacer cosas por ahí en feriados largos o cosas así se queda algunos días en casa y algunos días me quedo yo, y esa es un poco la prueba que hacemos de si podríamos, y podemos, pero todavía no.

Si querés compararte porque a vos te gusta mucho comparar cosas y personas, él no deja las medias entre las sabanas cuando dormimos juntos, no me deja que enrosque mi pierna en la suya, ni le acaricie la parte suave del pie con el mío porque le da asco… No deja la tapa de la pasta dental abierta, ni la tapa del inodoro para arriba. No fuma, ni toma alcohol. Tiene unos 30 años y trabaja como gerente de no sé qué pito en no sé dónde. No me importa. No me hace chistes de gallegos, ni de nada, ningún chiste, no sabe chistes. Una vez le conté uno y no se río. No me cuenta lo hermoso que se veía el sol escondiéndose recién al atardecer. Y no me dijo de ver uno juntos.
Cogemos bien, pero ahí. No muy seguido ni tan poco como para decir que no me coge, ni muy salvaje ni muy romántico. Ahí.
(Sé que no querías saber eso último, pero).
No es muy divertido Leandro, sí, ni hace masajes ni mates como los tuyos. Y, de vez en cuando, me aburre y no me dan ganas de verlo o pasar tiempo con él.

Pero me quiere. Me quiere mucho, y me lo dice muy seguido. Tiene detalles lindos como pasarme a buscar por casa, llevarme a cenar o ver una peli en el cine, comprarme jazmines porque sabe que son las únicas flores que me gustan, y me compró un perrito hermoso que no me da alergia. Dylan le puso. Por Bob Dylan, sí. Me encanta Bob Dylan, empecé escuchar más que nada porque cuando lo conocí estaba sonando y bueno, él me contó que le gusta mucho y le gustó ese nombre para él.
Me pareció que le quedaba bien así que acá esta Dylan. El perro, por supuesto, Bob debe estar en su casa me imagino (?).

Bueno, volviendo a.
Con Leandro tengo una relación distinta, nada que ver a lo que fuimos nosotros. No somos tan descontracturados o como carajo sea la palabra, la pasamos bien. Nos divertimos ahí. Es más intelectual, él. Más de sacar temas de política o de la última película buena de tal o cual director, que mucho no me importa pero igual es interesante escucharlo hablar. Tiene una forma linda de hablar de cosas aburridas.
Así que, sí, estoy bien. Estamos bien. No me hizo llorar ni una sola vez en un año, ni una sola vez comparada a los últimos meses que llore por vos. Lloré mucho por vos, lo sabés. Hubo muchos días en que sentía un hueco horrible y enorme en el pecho que pedia por favor que se vaya lo más rápido que pueda, a veces sentía que me faltaba un poco el aire y que todo era más difícil que nunca. Trabajar, estudiar, reir, comer sola, hablar con pibes que querían algo pero yo no podía, salir, en general, todo. Todo era difícil.
Perdoname por lo agresiva que fui al comienzo, igual no lo voy a borrar porque seguís sin tener derecho de aparecer así de la nada, y seguís siendo un pelotudo que se fue y ahora me dejo ir. Se nos escapó el amor que tanto cuidábamos, Andrés. Se nos fue de las manos. Nos amábamos tanto que se nos fue y terminamos haciéndonos daño.
De eso no se vuelve.
No vamos a volver. No podemos hacernos eso.

Está todo bien.
Pero no me escribas más Andres. Por favor.
Rehacé tu vida y date cuenta que no vamos a estar nunca más juntos.
Y no me escribas más. Por favor.
No me hizo bien esto.

Igual, si te lo preguntas, sí te sigo amando.
Y te necesito un poco y extraño tanto, que nuestra frase perfecta es esa que te dije una vez, hace un año atrás cuando te fuiste. Esa que repetiste, y que dice que ni todas las horas del mundo… (Ya sabes cómo sigue).

Paula.

No hay comentarios:

Publicar un comentario