Siento que la vida es un cuento que uno escribe a medida que lo pasa, no de esos cuentos que te dicen que vas a ser feliz (para) siempre en tu vida y que todo va a ser hermoso, sino de esas cosas que transitas, que elegís hacer en tu vida y vas escribiendo vos mismo.
Digo, no existe mejor destino que el que uno mismo se fabrica.
Cada uno elige qué hacer, cuándo y cómo y hay que elegir bien. Es difícil pero es un lindo desafío.
Yo siento que yo estoy escribiendo mal mi historia.
Siento que las hojas en donde la quiero escribir no sirven, la lapicera no tiene tinta y que todas las decisiones que elijo tomar resultar ser incorrectas, complicadas o frustrantes.
Siento que me elijo las opciones en donde más sufro porque sufrir para mi es como lo único que me sale (bien). Wow, qué depresivo sonó eso.
Pero cierto.
¿Nunca pensaste cuántas decisiones de las que tomaste en tu vida te hicieron realmente sentir feliz? Yo sí. Y realmente no puedo decir ninguna pero sí muy pocas.
Y enamorarme de vos no fue una, pero ojalá pudiera decir que fue una decisión y pudiera echarle la culpa a mis malas elecciones, mala suerte o algo así.
El amor es eso que aparece de la nada y te sacude fuerte la cabeza y te inyecta como esas pequeñas dosis de lo que después vas a padecer: enamorarte de quien no tendrías que.
Como si uno pudiera elegir, ¿no?
"Mejor no me enamoro de vos".
"De vos sí me voy a enamorar".
Me enamoré de vos y ojalá pudiese decir que fue lo mejor que me pasó en la vida pero al parecer esta es otra de las cosas en las que no sé elegir: el amor.
Entender que el amor no es una decisión que se toma es lo que más me costó.
Los modelos de amor que me enseñaron son modelos que fallaron tanto pero tanto que lo único que me trajo son frustraciones y lagrimas.
Gusto de vos como todas las chicas que gustamos de vos porque sí, porque un montón de chicas gustamos de vos. Igual yo soy la que más tiempo y la que más gusta de vos.
Entender que el amor no se trata quién quiere más a quién y más tiempo, y que nadie quiere de igual manera que otro también fue otra de las cosas que me costó.
Gustar de vos fue tan fácil y tan incorrecto que no puedo encontrar un culpable más que mi corazóncito loco al que le pareció que romperme el corazón sea, de las malas decisiones o elecciones que siempre tomo, la más eficaz cada vez.
Sos el tipo de pibe que te advierten que 'ojo con este pibe, no te ilusiones', y ahí estoy yo, ilusionándome.
Te conocí y supe que me iba a arrepentir si te llegaba a querer y sí, mirá, mirá cómo me arrepiento.
Pegamos onda enseguida, nos tomamos un par de birras, charlamos y nos contamos de nuestras vidas, que qué haces, qué estudias, y dónde vivís, y de que laburás, y vivís muy lejos, ¿no queres venir a mi depto un rato para charlar más tranquilos?
Todos sabemos que significa charlar 'más tranquilos'. Los dos sabíamos qué significaba.
Significaba que, de ahí en adelante, la noche iba a ser perfecta.
Desde esa noche, y las siguientes, que intenté olvidarme el sabor de tus labios y lo suaves que son para besar, de tu perfume en la ropa, de tus abrazos por la cintura, de tu manía por atraparme con las piernas para que no me levante antes que vos y me puedas preparar el desayuno.
Era difícil ser la chica que gustaba de vos y que estaba con vos porque tenía la mirada de todas las demás como si estuvieran esperando el instante en que las cosas no funcionaran entre nosotros para recordarte que eso es, nosotras también, acá estamos, danos bola. Ella no es para vos.
Era difícil combatir los miedos de una chica insegura que la cabeza le decía que estaba con el chico que le gustaba pero que probablemente algo pasara porque nunca le salen las cosas bien o siempre pasa algo en la que, en su historia, ser feliz no es una opción.
Era difícil descubrir que era celosa cuando tenía ideas en la cabeza que me hacían entender que los celos son la forma de querer que está mal y que ninguna relación podría funcionar si estabas haciéndole planteamientos innecesarios a la persona que estaba con vos.
Era difícil llevarlo a la realidad porque vos te alejabas un poquito hacia allá y las nubes negras de pensamientos inundaban un montón mi cabeza, encharcaban un montón el piso y después cuando te acercabas hacía acá, con tu sonrisa y tus ojos; tus lindos ojos, todo pasaba. Todo estaba bien.
Intenté mucho tiempo, en vano, no enamorarme de vos.
Creo que no sé querer, o quiero mal. Y lo entendí con vos.
Lo nuestro funcionó y dejó de funcionar; y no supe cuando pasó.
Pasamos de estar noches abrazados leyendo un libro, mirando una serie o estudiando a no hablarnos porque terminaba llorando pidiéndote que por favor, dale, intentemos querernos mejor, más sanamente, que dale si podemos, que dale no te voy a exigir formalizar nada, dale por favor no te vayas Rodrigo.
Las noches siguientes que entendí que dejaste de quererme fueron eternas, duras y eternas, de repente era una persona llorando porque el chico que le gustaba y que nunca le había prometido nada, decidió enamorarse de alguien más.
De repente era una chica que evitaba las calles en donde solíamos ir, los lugares en donde solíamos encontrarnos, los amigos que nos hicimos en común; solo por no verte, para no verte con ella.
De repente era una persona que sentía que no sabía qué hacer con todo ese amor que había canalizado en una sola persona.
Te quise tanto que pensé que agoté las formas de querer y que nunca podría volver a ser así a nadie más. Te quise tanto que esperaba dormirme para poder quererte menos.
Las horas más felices las pasé a tu lado,
y ojalá tuviera la forma de volver atrás,
para quererte bien, para quererte mejor.
Y que estés acá.
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